MCDOHENY AL BORDE DE SU DESGRACIA

Recuerdo que cuando niño, mi abuela materna quien era muy religiosa, al expresarse de Diego Rivera lo hacía de modo despectivo: “ese gordo tan feo y además ¡comunista! Por algo le dicen “El Sapo”. Mi tía Carmen que en aquellas épocas trabajaba como secretaria del Doctor Atl, también la apoyaba y además agregaba: “!qué manera de pintar del Doctor y qué diferencia en su persona! ¡Sus volcanes, mamá, todos sus paisajes! En cambio el tal Diego tan irrespetuoso hasta con la Iglesia. Ya ves cómo ilustra a los señores curas que tanto dan su vida por nosotros…” Un domingo, me llevó mi papá a observar el mural de Rivera a Palacio Nacional y cuando vi en dicha obra la figura de un sacerdote gordo como cerdo vestido con su clásica sotana y su cordón que apenas daba de sí para rodear su abdomen, caí en cuenta que mi abuela y mi tía tenían razón. Lógico, era cuando yo estudiaba con los maristas y todo lo que atentara contra la religión hacía que mi pecho se hinchara y a mi interior me decía: “¡Pinche sapo de porquería!”. Conforme pasó el tiempo, me encabroné con todo lo que se llamara Iglesia, busqué a mi propio Dios, lo encontré y ahora vivo muy a gusto con ÉL. Somos muy buenos cuates y siempre me echa la mano sin necesidad de ir a visitarlo a algún templo. Ahora me sucede y tengo que reconocer que es un prejuicio, que cada vez que me encuentro con un fraile, por flaco, escuálido y chaparro que esté, inmediatamente pienso en cuánta razón tenía Don Diego.

Dicen que el “miedo no anda en burro” y por lo mismo Edward Mcdoheny andaba que no lo calentaba ni el sol. Sabiendo lo que le había sucedido a sus compañeros a quienes de vez en cuando iba a visitar para llevarles cigarros, apenas salía a la calle y volteaba por todas partes temiendo que de pronto la policía cargara con él. Ya no era el mismo. Todos sus compañeros del “Club de Tobi” lo notaban y ya hasta pensaban en la posibilidad de quitarlo de la presidencia. Mientras se discutía cualquier asunto relativo a la problemática con México, Mcdoheny tenía puesta la mirada en el infinito imaginándose vestido de cebra y recluido en una celda. Se llevó a cabo una reunión extraordinaria en dicho Club, con el objeto de dar la bienvenida a un nuevo miembro: el Cardenal de los Estados Unidos de nombre George Daugherty, igualito que los sacerdotes de Rivera: gordo, cara de santito, eso sí, con crucifijo y anillo con montaduras de piedras preciosas. Un señor Cardenal, ¡qué caray!

@ap_penalosa

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