MÉXICO ANTES Y DESPUÉS DE DON PORFIRIO

Si hoy la autoridad se amarrara los pantalones y de entrada mandara al bote de la basura por ejemplo a los inútiles de Derechos Humanos tan perversos como los de Greenpeace que solo son oportunistas buscalana, les aseguro que la inseguridad más allá de la proveniente del narcotráfico se reduciría en serio. Ministerios públicos corruptos, policías coludidos con la delincuencia, secuestradores, reclusorios que otorgan el grado de doctorado a sus alumnos, políticos deshonestos, “aviadores”, AMLO con su MORENA ¿qué más? Lo que pasa es que estamos tan ahogados e infiltrados por ese tipo de alimañas, que nos resulta casi imposible confiar en un juez por su criterio, sapiencia y seriedad al decretar una pena, ya no digamos la de muerte si existiera. No es difícil como algunos afirman que el 80 por ciento de personas encerrada en un penal, por falta de dinero no puedan abandonar el mismo a sabiendas de que es inocente o por lo menos que su falta no amerita la prisión. Imposible suponer que cualquier medicucho del sector salud esté listo para decretar la eutanasia cuando lo que le urge es salir a su hora para del hospital unirse con sus compadres “doitores” a encontrarse con las enfermeras en el departamento de cualquiera de ellos a celebrar un buen sarao.

En 1877 de entre tantas anécdotas, 12 asaltantes se hicieron de un considerable caudal minero que se trasladaba de Zacatecas a la ciudad de México. Los soldados federales a la vuelta de la esquina los detuvieron y los pusieron en manos de la autoridad. Los angelitos fueron trasladados a Huichapan en donde el gobernador tomó cartas en el asunto. Se dispuso desde ese punto que aquellos se trasladaran a Pachuca. Al final no llegó con vida ninguno de los malvivientes. En otra ocasión, un muchacho robó a su patrón algunas monedas. Éste último se fue a quejar con los rurales quienes antes habían sido delincuentes convertidos en soldados debido a su desempleo. Lo tomaron preso y le preguntaron si efectivamente había dispuesto del las monedas anotadas y este cínico contestó que por supuesto que no. Le ordenaron entonces voltear sus bolsillos y de los mismos cayeron las mismas. El oficial sacó su pistola, se la acercó al cráneo, le disparó y simplemente ordenó a sus acompañantes “dejen ahí el cuerpo, con todo y las monedas” ¿Qué tal que apareciera hoy Don Porfirio? Seguro que robillos, robotes, secuestros, violaciones y tantas cosas más que aturden cada día más a nuestra sociedad se darían cada vez menos en la medida en que a nuestras autoridades las manos no les temblaran cada vez ¡Ay pobrecitos, es que tanto que sufren y qué les queda! Qué les queda ni qué nada… ¡A trabajar huevones! Muchos trabajos salen de la inventiva y la voluntad.

Miren, cuando yo vivía en mi adorado Coyoacán, en una ocasión fui a una farmacia del Doctor SIMI. La cajera estaba bien ocupada contando toda la morralla que cada dos días le llevaba un sujeto vestido de manta y que a cada rato me encontraba repartiendo papelitos en sepa Dios qué dialecto, pidiendo ayuda para que su comunidad pudiera sobrevivir con la imagen de Zapata por cierto. Un día le pregunté por qué no se regresaba al campo a trabajar sus tierritas. Se me quedó mirando, se hizo chiquito y salió despavorido. Bueno, ese tarde con la cajera de la farmacia se encontraba el mismo individuo quien era el que le surtía las tantas monedas que hacían feliz a aquella empleada. Me dijo “este hombre es mi sol, cada tercer día me surte de cambio a razón de entre 400 a 500 pesos”.

Otro día, comiendo con mis brujas en el mercado de Coyoacán, se me acercó una señora con cara de compungida pero joven y fuerte. Me pidió una limosna para sus trescientos hijos, su suegra, su perico y su marido. Iba bien trajeadita con todo y bolsa. Le dije “señora, si lava los trastes que están amontonados porque mis brujas no se dan a basto, le pago la comida con mucho gusto” ¿Qué creen que me contestó? “vaya usted a buscar a su abuela porque yo no me rebajo a eso”.

Otra de limosneros: María Callas se quedaría chiquita en una ópera de tragedia. También en el mismo mercado, existe una mujer que ayudada de muletas va de puesto en puesto cantando de manera tal que la primera vez que la vi y escuché me revolqué en el piso a llorar y a darme golpes contra el mismo. Saqué 800 mil pesos de mi monedero, se los di y de inmediato me lancé a la iglesia de San Juan Bautista y no saben lo que le dije a Dios por injusto. Dos días después ¡que me la encuentro! Iba feliz corre que corre por el Jardín Centenario o brincando como cuando de niños jugábamos “avión”. Le dije entonces “¡Señora, qué gusto! Espero ya haya ido a la basílica a dar gracias por el milagro ¡mire, ya camina!” Resultado: me mentó la madre. Y el pobre de Don Porfirio, hasta allá en Francia remuriéndose de frío cuando le cae la nieve de Paris sobre su tumba.

México tiene muy corta edad, 492 años de los cuales más de 300 fue invadido y dominado por terceros. Es un país muy fácil de analizar observando sus ciclos. Si tomamos en cuenta la época virreinal durante la cual era la Nueva España, veremos que nuestro territorio además de ser muy extenso era a la vez muy próspero. Lo malo es que nuestras riquezas acababan en España o en manos de ricos hacendados o de la Iglesia, es decir, que toda esa fortuna derivaba de la explotación de nuestros coterráneos que vivían en la peor de las miserias e ignorancia. Luego, hasta antes de la llegada de Don Agustín de Iturbide, la nación se hundió más. Ya no sólo era miseria la que prevalecía, sino además la sangre que la bañaba. Igual debemos añadir a muchos de los propios mexicanos, algunos con buenas, otros con discutibles intenciones, que se encargaron de victimizar a nuestro pueblo que aunado a su ignorancia y por lo mismo presa del fanatismo propiciado por la Iglesia y otros mesiánicos sin saber a ciencia cierta de por qué era sujeto de un manipuleo que engrosó cementerios y decenas de miles de familias aterradas y desprotegidas. Los independentistas además de fracasar, desunieron a nuestros coterráneos a tal grado que entre ellos mismos terminaron destruyéndose y lo que es peor, llegando al extremo muchas veces de odiarse lo unos a los otros.

Con Iturbide después de 11 años de masacres, nuestra tierra por fin nació como nación independiente. Ya felizmente se daban objetivos concretos que alentaban a nuestros habitantes a trascender. Muchos patriotas antaño sus enemigos, realistas o insurgentes, se unieron a su causa y con sentido práctico. Don Agustín se empeñó en basar a México en la concordia con España, incluyente hacia la Iglesia y, como Don Porfirio, ansioso de una paz que estabilizara a la nación. Tristemente, la traición y el interés por lo personal y no por la patria, característica tan propia en nuestro devenir, hizo que ese gran esfuerzo se viniera abajo.

Nota: Este artículo forma parte de serie iniciada el pasado 1 de julio con publicación titulada “Ahí viene Don Porfirio”, misma que está por concluir. Ver blog.

@ap_penalosa

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