¡Míralo ego! ¡Me dijo «pendejo»! ¿Te fijaste?

Y sí, abrí twuitter pretendiendo interactuar vía hastag, cuando encuentro una nota: “Peñalosa, no sea pendejo, no se escribe “ezquisofrénia”, debe ser “esquizofrénia”. El daño ya estaba hecho”.

Luego de leer aquello, preferí salir a tomar un café a un lado de mí adorada “Plaza de la Conchita” rumiando “seguro que quien me lo mandó fue un desgraciado perredista o alquien del “132”. Mejor lo olvido o hago como que no lo ví y lo mando por peteneras». Sin embargo mí ego me decía: “¿te vas a quedar así tan tranquilote?” Le contesté “bueno, lo que pasa es que aunque fue “error de dedo”, quien me lo indicó tiene razón”. “No mi cuate, no» insistió este último. «Tienes que contraatacar”. Y claro, ahí voy de baboso y así como muy diplomático le expresé: “gracias señor pero es Usted un “malededucado”. Saludos” ¡Y que sigue la guerra! Entonces me vuelve a corregir aclarandome “debe escribir “mal educado”. Total, entre pitos, flautas y a efecto de que se diera cuenta qué clase de cucaracha soy, lo invité a que leyera un “blog” en mí página web que publiqué sobre López Obrador. Al día siguiente, ya más suave contestó: “está bien Peñalosa, eso va mejor”.  Ya entonces decidí proponerle “chócalas” y mejor seamos amigos. Es más, hasta le ofrecí enviarle una copia de mí manuscrito en pdf en “son de paz”. Aceptó, me proporcionó su correo electrónico y me dije “de una vez le envío mi “curriculum vitae” para que vea con quien está hablando ese condenado, ¡ja, ja..!” Bueno, para que vean cómo son las cosas. Ahora resulta que hasta me invitó a entrevistarme por la radio para hablar de mí libro. Por lo pronto, agarré a mi ego por el cogote, lo encerré con llave y le dije “ahí te quedas por un buen rato asesor de pacotilla”. Esta mañana lo escuché “¡bú, bú, bú..!” Pero ni maiz paloma, ahora que se aguante.

Se llama JOSÉ LUIS MORALES. Me recordó a mí padre, a mí tío Joaquín Antonio Peñalosa, jesuita de esos duros y desalmados, y a algunos de mis maestros de la escuela marista. Detallistas y estrictos como el carajo. De esos que ya no existen y que tanta falta hacen hoy en día a favor de la EDUCACIÓN. No tengo el gusto todavía de conocerlo personalmente, pero me da la impresión que sabe de historia un chorro y dos montones. Trataré de exprimirlo y dejaré haga lo mismo conmigo, como los “viene, viene” con sus franelas que lavan coches los sábados y domingos en Coyoacán. Eso sí, ya le advertí que no me llame Peñalosa porque no soy soldado. Prefiero que me mencione como Antonio o Patricio.

Aquí lo curioso está en algo que resulta irónico: gracias a un “error de dedo” que derivó en una falta de ortografía y después de “me sacaste la lengua y me enojé”, ahora sucede que hay por ahí un frijolito germinando que quizá se convertirá en mi amigo.

Me hizo recordar también a Vasconcelos. Decía: “al mexicano le gusta que se le hable bonito pero a como está acostumbrado a escuchar cómo se habla”.

Bueno Historia, te seguiré dando lata.

 

 

 

 

 

 

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