MORELOS VOLUBLE Y SANGUINARIO

Invito a quienes se identifican con Morelos a ser cautos. Lean de historiadores veraces y honestos. Morelos forma parte del devenir vergonzante de México.

Me irrita muchísimo encontrar que Morelos a la hora de la hora cuando le hicieron “¡bú!” y se asustó, recogió sus canicas y se fue con el “ya no juego” para luego terminar ofreciendo delatar, repito DELATAR a sus compañeros insurgentes que tanto le apoyaron poniendo en riesgo su vida convencidos de que en La Nueva España con Morelos al frente se daba la mejor opción. Me pregunto si en aquellas épocas yo hubiera sido originario de Cuautla y después de conocer todo lo que fue a vomitar Morelos por salvarse cómo me hubiera sentido.

Personajes en mi opinión que merecen pasar a los archivos del México digno y orgulloso de sus protagonistas fueron los Bravo. Don Leonardo Bravo, padre de Nicolás, fue aprehendido en una hacienda llamada San Gabriel, después del sitio de Cuautla, y fue trasladado a la ciudad de México de manera degradante. Venegas y Calleja estaban ensañados contra todo lo que significara insurgencia y en el caso de Calleja influía además el hecho de saber su ego hecho trizas después de la experiencia sufrida en el sitio de Cuautla.

En resumen, a Don Leonardo lo exhibieron ante la chusma en andrajos invitándola a que participara en una especie de circo en el cual los paseantes identificaban a Bravo como una especie de hiena por la cual manifestaban asco y menosprecio. Población de la ciudad de México ignorante de la realidad más allá de la capital y deseosa de la diversión dominguera a como fuera.

Mientras tanto, Nicolás con todo su dolor pero además con pundonor, seguía cumpliendo con su deber y en esos días enfrentó a un realista llamado Juan Labaqui con quien se encontró para combatirlo en Tehuacán, Puebla. De esa batalla ganada por Nicolás y sus efectivos quedaron presos trescientos realistas, situación que hizo del conocimiento de Morelos. Éste mientras tanto, enterado de la aprehensión de Don Leonardo, propuso al Virrey y a Calleja la posibilidad de canjear a los 300 hombres a cambio de la vida de Don Leonardo. El Virrey mientras tanto había sido razonable al proponer a los Bravo acogerse al indulto para salvar la vida de Don Leonardo. Tampoco entiendo la negativa de esos dos personajes para acceder a la propuesta de Morelos. Hasta hace un tiempo relativamente corto, aprendí que la gente que amenaza, injuria, agrede, menosprecia, es precisamente la que en su interior guarda un miedo incontrolable. Eso quizá explique la reacción de Calleja y Venegas. Creo que ya a esas alturas estaban sumidos en el pánico y no era para menos. Ante la negativa anotada, finalmente se sentenció a Don Leonardo a la pena de muerte, brutal por cierto porque sería bajo la modalidad del “garrote vil”, lo que implicaba colocar en el ajusticiado en el cuello, una rosca de acero que en la medida que se iba cerrando asfixiaba a la persona hasta el punto de la muerte destrozándole la cervical.

Yo no imagino ni acepto que Morelos, si bien involucrado en acciones aparentemente nobles a favor de nuestra Independencia y que necesariamente conllevarían tristemente muertes, al mismo tiempo usara el púlpito para oficiar misa y después de leído el Evangelio promoviera el fanatismo de los asistentes para salir a favor de la causa pero de manera violenta e irracional.

Morelos manipulaba valiéndose de su carácter sacerdotal, pero cada vez más invadido del odio de aquellos que por su radicalidad caen en el abismo de la soberbia. Empezó a dar muestras de un desquiciamiento al punto de no entender que la opresión no se combate con opresión. La opresión como lo hizo Iturbide se combate con diálogo, con razonamientos. El hecho es que Morelos ante la negativa de Venegas y Calleja, ordenó la ejecución de los 300 realistas referidos. Es decir, que el mismo que pretendía a la hora de la misa en el acto de la consagración del vino y agua a convertir en sangre de Cristo, buscaba al mismo tiempo la sangre de 300 seres humanos.

Don Nicolás aún con todo y su dolor desoyó a Morelos, convocó a los presos y les perdonó la vida, misma que representaba la salvación de 300 familias que hubieran quedado sobre todo en las circunstancias de nuestro país de aquella época, desprotegidas y marcadas por un entorno cruel hasta el punto de una locura derivada de un ambiente de gran pánico y fanatismo.

Con ese episodio empezó a caer del pedestal lo que ante mis ojos la historia oficial dice de Morelos. Los mismos perdonados no daban crédito a la actitud de Nicolás y llenos de agradecimiento y conscientes de la presencia de un hombre noble y bueno, terminaron por adherirse a la causa insurgente, valorando la honestidad y generoso corazón del hijo que sabía que su padre estaba cerca de morir.

Igual que Hidalgo, Morelos fue paulatinamente dando muestras de una agresividad desproporcionada, también iniciaba un camino al mesianismo. Muchas cosas habrían de suceder muy parecidas a los crímenes perpetuados por Hidalgo haciendo uso de la chusma y los símbolos religiosos.

La historia oficial se ha encargado de exhibir a personajes que en su momento iban bien pero que luego perdieron la cualidad de la sensibilidad frente a algo que se llama congéneres, sean españoles, mexicanos, negros, chinos o lo que sea ¿Por qué Morelos al decir ante los tribunales que las circunstancias no previstas lo habían llevado finalmente a entender que no le quedaba otro camino que el asesinato? ¿Por qué ante el terror a morir se dijo dispuesto a pedir perdón al Rey y en ese momento no tuvo la capacidad de recordar que de todos los convencidos de ir con la causa de la Independencia, muchos de ellos habían sacrificado su propia vida, entre ellos personas como Don Leonardo que creyó en él?

Sigo con Nicolás Bravo. En otra ocasión enfrentó una partida de aproximadamente mil personas, casi todas ellas negros. Igual Morelos ordenó matarlos a todos argumentando con menosprecio que las mismas en la medida que se agrupaban a favor de los realistas, estorbaban a la continuidad de la causa. Así como hasta que llegó Luther King a luchar a favor de la gente de su mismo origen, Morelos representaba a una generación racista sin recordar que cuando se veía al espejo encontraba que güerito no era. Sus labios lo delataban y era hombre chaparro y prieto. Nuevamente Nicolás Bravo les perdonó y una vez más Morelos enfurecido, reprochó a Bravo su falta de disciplina.

Twitter: @ap_penalosa

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