OBREGÓN ANTES QUE GOBERNAR, ATRAPADO

Otros eran los asuntos que realmente preocupaban a Obregón. Entre otros,
precisamente el hecho de que Estados Unidos se negara a otorgarle el reconocimiento diplomático a su gobierno, en parte porque tanto ese país como muchos del resto de la comunidad internacional, dudaban entre si sí o no había sido el autor intelectual del sacrificio de Carranza. Su problema mayor eran los petroleros y los banqueros, aunque a éstos últimos los sentía más maleables, aún sin el reconocimiento oficial por parte del gobierno americano. Los banqueros simplemente deseaban recuperar su lana y ya entonces se vería cómo hacerle para seguir apoyando al gobierno de Obregón con créditos adicionales. Fue muy sagaz don Álvaro. Planeaba con Calles, su entrañable amigo, al incrementar los impuestos a la explotación petrolera, apoyado en el artículo 27, para que con esos remanentes se obtuviera una liquidez necesaria para poner satisfechos a los banqueros. El qué pasaría después con los petroleros, Obregón lo separaba de lo primero. Eso, sentía, le daría un gran respiro para dar solución a los agobios de su gobierno que enfrentaba a un país en total estado de inanición. Confiaba que con el nuevo presidente norteamericano y su Jefe del Departamento de Estado se llegaría finalmente a un acuerdo en materia petrolera.

También creía que los esfuerzos de De la Huerta en Washington fructificarían y prestaba mucha atención a las opiniones de su Secretario de Gobernación: Calles. Sin embargo no había presidente norteamericano, fuese demócrata o republicano que se salvara de la presión de los petroleros encabezados por Mcdoheny. Estos últimos insistían e insistían en que la única salida al conflicto a favor de sus intereses era por la vía de la intervención armada, punto. Trataban de hacer ver al nuevo presidente y al congreso, que gracias a la presencia de tropas enviadas por su antecesor Wilson, aunque manejadas de manera muy tibia, habían hecho que Carranza diera marcha atrás en sus planes constitucionalistas lo cual era la mejor prueba para hacerle ver al presidente que dicho camino resultaría infalible.

Mientras tanto, Obregón planeaba otra guerra: banqueros vs. petroleros. Tristemente, cruzando los dedos Obregón a favor del triunfo de los banqueros, al hacerse de recursos provenientes de aquellos, se veía obligado a disponer de parte de los mismos para adquirir armamento que le resultaba urgente, caso de que la situación del país no aguantara en razón de la miseria que lo agobiaba y que significaba una constante amenaza de levantamientos sociales que no habría más remedio que contener por la vía de la represión.

@ap_penalosa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *