OBREGÓN COMO COLA DE RATÓN

En Estados Unidos nuevamente se reunió el “Club de Tobi”. Sus miembros se desternillaban de risa y el Gran Jefe Mcdoheny los invitó a aprovechar la oportunidad para ponerle el toque final y proceder al descabello ya no tanto de Obregón, sino al país mismo. Se sentía el “muy muy” y con su soberbia al mayor de los niveles ya hasta inclusive llegó a pensar en la oportunidad de invitar a estados fronterizos a anexarse a los Estados Unidos para entonces sí ser los únicos dueños de las terceras reservas más importantes del mundo en materia petrolera. Afortunadamente la propuesta no prosperó y el resto de los colegas de Mcdoheny, Sinclair especialmente, prefirieron buscar caminos de negociación en un plano menos agresivo. Esto es, propusieron acercarse a la autoridad mexicana para negociar en términos de paz. Mcdoheny se burlaba a su interior de dicha propuesta, pero bueno, se agazapó nuevamente y no entorpeció el plan propuesto.

Yo muchas veces me alié a amigos que según mi padre “son muy buenos muchachos” y me recomendaba: “acércate a ellos”. Entonces los alertaba y les hacía saber lo que deberían decir a mi papá para que éste último accediera a otorgarme una libertad condicional. Igual los petroleros necesitaban conjuntarse con aquellos que tenían el mismo problema y que en dicho caso se llamaban los banqueros y algunas autoridades mexicanas. De nada hubieran servido las medidas represivas del gobierno americano y de ellos mismos si no contaran con cuates que también requerían apoyos similares. En México surgió una idea que se antojaba interesante para hacerse de recursos. Mientras se seguía defendiendo la persistencia de nuestra Constitución sin que ésta resultara mutilada, se publicó un Decreto a favor de reducir los impuestos a pagar de manera sensible. Eso le permitiría a los petroleros liquidar con bonos de la Deuda Pública Federal emitidos en Wall Street. Entonces México los rescataría a su valor nominal al 100 por ciento, no obstante que los mismos se cotizaban en aquel momento al 40 por ciento de su valor a la colocación. O sea que lo que se pagaría respecto de dichos bonos era en realidad 40 de 100 y luego México los sacaría de la circulación.

Pasó entonces que los petroleros se frotaron las manos, más no los banqueros. Wall Street hizo saber que sus clientes pretendían vender sus bonos con base en su valor original y que no estaban de acuerdo en absorber una pérdida tan cuantiosa significada en un 60 por ciento. Con eso el gozo se fue al pozo por la parte de los petroleros y nuestro país no tuvo más remedio que ajustarse a pagos de impuestos reducidos, parte en moneda nacional y otra, la menor, en dólares y por supuesto, pagados “bajo protesta” por los petroleros. Una vez más, estos últimos se salían con la suya y con ello “van pa’tras” los barcos de la Marina Norteamericana, se reabren las contrataciones a favor de los obreros y con ello las válvulas que vomitaban nuestro petróleo. Así como a manera de consolación, México pidió a los petroleros un pago de 25 millones de dólares por adelantado, mismo que resultó denegado. Mientras tanto la Constitución seguía guardadita, guardadita y los petroleros encantados capitalizando a su favor el desastre de nuestra patria. Con los barcos de guerra yanquis estacionados en México Obregón no sacaba ninguna pluma para firmar. En primer lugar porque sólo tenía un brazo y le costaba trabajo alcanzarla y porque además, se había diferido la reglamentación relativa al artículo 27 de la Carta Magna.

Ilustración: Caricatura de la Standard Oil (antes en México hasta 1938 conocida como “La Tolteca”)

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