OBREGÓN Y CALLES FARSANTES REVOLUCIONARIOS

Entre Obregón y Cárdenas pasaron muchos años en que dos tipos jugaban tenis mientras dos levantaban las pelotas esperando que alguna de ellas saliera de la mesa para ir presurosos a ponerla en manos de quien tenía a su cargo el servicio, fueran Obregón o Calles. Los “levantabolas” se llamaban Pascual Ortiz Rubio y Emilio Portes Gil, a mi gusto, dos buenos para nada y que terminarían siendo las pretendidas extensiones del brazo del poder de Calles, hasta que a éste último el presidente Cárdenas le puso una buena patada en el trasero y con ello lo mandó a volar.

En publicación del Colegio de México: México y Estados Unidos en el conflicto petrolero apunta Lorenzo Meyer: La posición de la Casa Blanca en 1920 quedó perfectamente establecida en un memorándum que entregó el Departamento de Estado a un agente de De la Huerta. Los puntos contenidos en el documento eran los siguientes: 1) derogar los decretos petroleros de Carranza; 2) suprimir la exigencia de los “denuncios” de las propiedades petroleras; 3) dejar sin efecto las concesiones dadas a terceros sobre las propiedades de las compañías no denunciadas; 4) no rehusar ni retardar los permisos de perforación; 5) modificar la posición del ejecutivo en los juicios de amparo interpuestos por las compañías, permitiendo una solución favorable de éstas; 6) acabar con las concesiones en las zonas federales; 7) establecer una política impositiva justa; 8) derogar el artículo 27 constitucional; 9)reconocer y restituir sus derechos a los ciudadanos extranjeros afectados por éste; y 10) asegurar que la legislación futura no se apartaría de los 9 puntos anteriores.

La Revolución Mexicana representa un pasaje en la historia de México que en la medida que lo he analizado y reflexionado de entrada me hacer sentir muy confundido. No sé qué sea cierto de tanto de lo que se ha escrito alrededor de este tema y que haya reflejado verdaderamente un valor que haya significado un adelanto a favor de nuestro país y qué de lo que se ha ocultado sea porque nos haga sentir avergonzados o frustrados y además, conscientes del retroceso que significó finalmente para nuestra nación, etc. Tantas novelas épicas o costumbristas escritas en torno al tema, si bien resultan fascinantes, como las de un Mariano Azuela o un Martín Luis Guzmán, no dejan de ser novelas. En el caso de crónicas serias como la Breve historia de la Revolución Mexicana escrita por don Jesús Silva Herzog, de pronto al confrontar su aportación con el punto de vista de otros historiadores, hace que me encuentre con interpretaciones muy distintas del fenómeno. Lo que sí me queda muy claro ahora es que la “Revolución Mexicana” se ha tomado como bandera para enaltecer a un México que a esta fecha por sus resultados, de ninguna manera da imagen del pretendido espíritu o intención de la misma tiende a pregonar.

@ap_penalosa

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