Poder: el peor enemigo del amor

PODER: El peor enemigo del amor

Después de que una pareja inicia una relación, todo es nube rosa. En la medida que pasa el tiempo las personas continúan el proceso de conocerse, de gozarse y de crecer juntas. Se juran amor eterno pase lo que pase. Atraviesan  por momentos difíciles a veces, dispuestos a superar, e igual comparten las alegrías derivadas de sus esfuerzos mutuos. Pero en la medida que su amor aumenta, con ello también aparece un nubarrón que opaca a la nube descrita: se llama necesidad de poder o de domino que cada uno de los dos pretende ostentar por miedo a exponerse a una supuesta sumisión o falta de autonomía. Su humildad se viene abajo. El reconocimiento o reflexión alrededor del historial de cada uno, hace necesario hacer previsiones para que aquello en lo que cualquiera de los dos haya estado mal , ponga en estado de alerta y precisamente por ese amor que actúa como cimiento, se procura invitar a tomar nuevos rumbos que los alejen de persistir exponiéndose a lo que no es bueno. En muchas ocasiones, cualquiera de los dos revienta porque aunque a su interior reconoce que su compañero o compañera tiene razón, no se está dispuesto a aceptar señalamientos porque entonces piensa que su personalidad irá en detrimento y entonces se convertirá ya no en competidor, sino en rival.

Vienen entonces los resentimientos, los agravios, ese silencio sepulcral mientras el reencuentro y la búsqueda de soluciones no se da. Muchas veces la vanidad y el falso orgullo arrasan con todo aquello que hasta terceros observaban con alegría y quizá hasta con cierta envidia.

Cuando los miembros de una pareja rivalizan en lugar de conjugar  nuevos objetivos derivados de acuerdos que se esté seguro los llevará a la cima, aceptando lo sacrificios que eso significará, todo lo acumulado rico en afecto y lista de hermosas remembranzas, quedará convertido en cenizas y auto reproches. Llegará a imponerse la presencia de la soledad o la búsqueda del refugio en lo que terminará dañando más y con ello una tristeza que nunca sabremos superar. Cuando se conoce el amor y se vive, éste se hace eterno. Mi padre falleció en 1988. Estoy seguro que entre mis cenizas estará presente la melancolía que sigo sintiendo con respecto a su persona.

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