PRI vs. PRD

A mis 65 años de edad, nunca había vivido un ambiente de tanta ansiedad y efervecencia en México en relación a una sucesión presidencial. Si tuviéramos buenos candidatos, eso sería magnífico. Pero es tal la pobreza que suman los tres principales, que me temo estamos sentenciados a un sexenio 2012-2018 de miseria y cada día más violencia.

A partir del arribo de Luis Echeverría Álvarez en 1970, el PRI inició su decadencia. Fue tal el daño que causó a la nación, que sus sucesores hasta Ernesto Zedillo, no tuvieron tiempo ni herramientas suficientes como para corregir el rumbo del país. Luego, con el inicio del año 2000 y hasta esta fecha, con el PAN México está al punto de la debacle. Si a eso agregamos una ley anacrónica en materia electoral, hoy la mayoría de la población solo tiene espacios para votar por solo cualquiera de tres candidatos, en este caso a mi juicio, incompetentes, demagogos y con cero potencial como para dar nuevo impulso a México. Así de grave están las perspectivas para el sexenio 2012-2018.

Ahora bien, debemos de asumir que cuando surgió el PRD, dicho partido lo constituía principalmente un grupo de expriistas resentidos a los que se fueron agregando oportunistas que solo buscaban encontrar espacios para simple y sencillamente hacerse de dinero y un poder que en proporción a sus reales capacidades, resultaría del todo nefasto. Yo a esta fecha me siento verdaderamente confuso y hasta angustiado, porque no sé que decisión tomar a la hora de emitir mi voto el próximo 1 de Julio. Por supuesto que no lo haría a favor del PAN. Doce años en su gestión costaron a nuestra patria enormes descalabros, entre otros, además de ineptitud e insensiblidad para gobernar, un crecimiento en proporciones geométricas en términos de corrupción, violencia, falta de empleos y con ello, crecimiento alarmante en la delincuencia.

Respecto al PRD, debo confesar que mi memoria no es corta. Pasaron muchas cosas mientras AMLO actuaba como jefe de gobierno en la ciudad de México. Ejs.: René Bejarano, complice con su esposa quien a los ojos de los televidentes llenaba portafolios con fajos de dinero que resultaban insuficientes, al punto de tener que guardar el resto en los bolsillos de su saco y pantalones. Luego, un Secretario de Finanzas de su gobierno que según decía el propio AMLO, desconocía de sus ausencias cuando aquel se largaba a Las Vegas seguramente a apostar dinero proveniente de nuestros propios recursos. No me imagino cuánto dinero costó a López Obrador y de donde provino, cuando en los medios que ahora tanto critica,  por varios años echaba diariamente mano de tiempos para sus famosas conferencias de prensa que muchas personas se veían precisadas a observar. Paralelamente muchos de sus partidiarios por no decirles secuaces, en posiciones importantes, gubernaturas, Cámara de Diputados, de Senadores, presidencias municipales, etc., además de prepotentes y agresívos, ponían contra la pared a cualquiera que se les pusiera enfrente. Tenía que suceder, el propio Cuauhtemoc Cárdenas optó por hacerse a un lado y deslindarse con elegancia de todo ese tipo de palurdos.

Lo peor y más dramático se dió cuando luego de las elecciones de 2006, nuestra nación estuvo al borde del caos. Cierres de avenidas, acarreados, graves polarizaciones entre nuestros compatriotas y el gran peligro de que mientras los apoyadores de ese imbécil, principalmente personas ignorantes que habían perdido sus trabajos por todo lo anterior, la sucesión presidencial estuvo a punto de no llevarse a cabo, lo que hubiera significado el desquiciamiento total en todo el país. En resumen: AMLO sí es un peligro para México. Pero más riesgoso aún el hecho de que el tercero de la terna, EPN, también se observa muy verde como para poder confiar en él ante un panorama que en seis años puede resultar catastrófico. Estámos a 40 días de las elecciones y obligados a un menú que no ofrece alternativas y que incluye platillos que hasta podrían resultar tóxicos.

Trato de escuchar y me ocupo de preguntar a los jóvenes cual es su opinión al respecto. La mayoría contesta: “los jóvenes simplemente estamos hartos de lo actual. No nos sentiríamos bien si anulamos nuestro voto, pero por otros lado, tampoco queremos nuevamente a un PRI”. Eso me pone a pensar y luego me hace preguntarme “¿Y si el electo fuera AMLO?

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