Remembranzas de frustraciones disfrazadas

Es muy común observar seres humanos que se refugian en lo que no es, ni podrán hacer que sea. Hombres y mujeres que se auto engañan, quizá por mero instinto, soberbia o soledad, arropándose en aquello que no sienten, en lugar de darse el tiempo que todavía tienen para rescatar lo que aún no está perdido.

Ayer, me irritaron de sobremanera las audacias, torpes por cierto, del Presidente Calderón. Con el pretexto estúpido de que las leyes electorales ya no le permitirán difundir su obra a favor de nuestra patria, evadió la oportunidad de por lo menos una vez, hablar con la verdad. Se dirigió a 10 mil acarreados solo para insistir en que lo realizado en su sexenio no tenía precedente. No tuvo la capacidad de reflexionar que más allá de ese número anotado, el resto de los mexicanos no solo no creen en él, sino que por el contrario ya están hartos y urgidos de que se largue. Se olvidó también, que en algún momento, desde su campaña hacia la presidencia, hubieron muchas personas que confiaron en su persona y bien que lo apoyaron. Le regalaron mucha paciencia, tiempo, tolerancia y ¡vaya que recursos! no obstante las adversidades económicas luego del 2008. Ese señor ha resultado perverso, cínico, mentiroso, falso y solo terminó sembrando ilusiones a partir de semillas que bien sabía estaban podridas.

Hoy en día, en mi caso personal, después de retirarme finalmente de mi actividad profesional después de casi 45 años, antes de hacerlo, encontraba que todavía habían muchas cosas que hacer, me fijé un límite, las dejé por lo menos encaminadas y fue hasta entonces cuando me decidí a seguir una nueva ruta que en mí caso se llama: escribir. Cada vez que lo hago, aunque no sea mí intención, se da en mi mente un retroceso que me hace ligar lo presente con lo pasado. No faltan momentos en que me digo a mí mismo ¿por qué no mejor  hiciste las cosas de otra forma?, otros que me llevan a sentir satisfecho y hasta deseando que los que me sucedieron las tomen en cuenta y aprovechen. Pero también, hay casos que me invitan a esperar que decisiones que tomé, mejor no existan siquiera en un archivo viejo porque alguien que las descubrió y prefirió quemarlas.

Señor Calderón: no se adelante. Todavía le quedan varios meses. Sea realista y objetivo. Corrija en la medida de lo posible lo que hizo mal. Guarde con humildad y sin propagar sus aciertos. Mientras tanto, cada día que le quede como presidente, véalo como una oportunidad para crecer Usted y con ello eso que es ahora su responsabilidad: MÉXICO.

 

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