SIGO CON HIDALGO PERO AL RATO REGRESO CON CARRANZA

El resto del correr del Cura Hidalgo alcanzó Valladolid, luego Acámbaro y de ahí Toluca. En la hoy Morelia no pasó mayor cosa. Ya Abad y Queipo había salido de la ciudad y seguramente tomó camino a Acapulco o a Veracruz para echarse de panza al sol a descansar, ligarse a dos que tres gringuitas y con la ginebra agregada al agua de coco, se ayudó a olvidar todo lo acontecido. Las autoridades eclesiásticas que lo sucedieron, se preocuparon por levantarle la excomunión a Hidalgo y además se aprestaron a convocar a la alta sociedad a un “Tedeum” en su honor al que por cierto no asistió. Un día antes eso sí, al encontrar cerradas las puertas de la catedral, ordenó a sus muchachitos que las destruyeran para poder acceder a la misma, darle gracias a diosito por toda su ayuda y apoyo y luego de paso para aprovechar la oportunidad que le significó echarle mano a 400 mil pesos que en ese templo se encontraban y una que otra pieza de oro y plata. Allende y Aldama ya hartos, sobre todo el primero, continuaban tratando de contener a la turba que una vez más aprovechaba la ocasión para continuar asesinando y saqueando. Hidalgo ni se inmutaba, quizá en el fondo se divertía. Una vez más un delirio de grandeza incontenible en su persona. Una vez más la hipocresía de una Iglesia presta a lavar el insulto del que fue objeto el señor don gran cura, tan bueno, santo, patriota y “buena onda con los marginados”, apoyado por una sociedad para que en conjunto se hincara ante él para pedirle perdón, y además exaltarlo.

Allende mientras tanto tuvo que hacerse de recursos hasta el punto de un cañón, para tratar de controlar a la barbarie que entre frutas y alcohol alcanzó tal borrachera que cobró muertos y que pretendía responsabilizar a los españoles de haber envenenado el aguardiente. Existe una anécdota a ese respecto en el sentido de que estando a punto de ejecutar a un español supuestamente responsable del asunto, llegó Allende a salvarlo bebiendo el mismo licor para demostrar a los barbajanes su equivocación. En el piso superior de la casa del rescatado se encontraba un joven de diez y ocho años, sospechoso a la vista de se procedencia ibérica, al que también pretendían colgar. Se llamaba Lucas Alamán.

Me causa desprecio Hidalgo cuando invita a don Agustín de Iturbide a unirse a su causa, propuesta por cierto que éste último rechazó. Igual me desagrada el trato que otorgó en la única entrevista que sostuvo con José María Morelos al menospreciarlo en un principio y después de decidirse a escucharlo, otorgarle el grado de Coronel, asignándole la responsabilidad de continuar el movimiento revolucionario hacía el sur del país. Es posible que Morelos argumentara en ese momento convicciones válidas y dignas de todo respeto. Además se ofrecía solo como capellán de la insurgencia. Pero yo me pregunto entonces qué valor otorgaba Hidalgo ya en esos momentos a sus aliados Allende y Aldama al no tomar en cuenta su parecer y a quienes además se negaba a escuchar, pretendiendo ahora involucrar en lo obscurito a otro que según él terminaría sujetándose a su voluntad para así con ello estar en condiciones de prescindir de aquellos que tanta lealtad, nobleza y paciencia le habían regalado. Hidalgo ya miraba a todos por abajito. Les “hacía el favor” de convocar, sabiendo muy en el fondo que los que en un principio creían en él, tarde o temprano terminarían por abandonarlo, como finalmente sucedió.

En Acámbaro Hidalgo ya no se aceptaba cura. Se exhibió a partir de ese momento como militar del más alto rango sustituyendo su vestimenta sacerdotal por otra en forma de uniforme que hacía resaltar el color azul combinado con terminaciones en cuello, puños y solapa de color rojo y bordado con hilos de oro y plata. Nuevamente como López Obrador, “Presidente legítimo”, sintiéndose con facultades y derechos para portar la banda presidencial, aplaudido y apoyado por sus tristes y muy contadas huestes más cercanas. Muchos de los que acudan a este libro se podrían preguntar ¿por qué tanta saña del que escribe en contra de López Obrador? Contesto: no es saña, simplemente me sorprendo al encontrar tanto parecido entre ambos personajes cuando vemos que los dos se han valido de las mismas artimañas para “usar” a las personas carentes de conciencia por su falta de conocimientos debido a la inexistencia de un sistema educativo honesto y realista dispuesto a reconocer y mostrar la verdad.

Hidalgo los usó para desquiciar y asesinar. López Obrador iba por el mismo camino. Desgraciadamente con la complacencia de muchos ignorantes, además de otros que en su desesperación por la realidad prevaleciente, decidieron apostar por “el rayo de esperanza” que como Hidalgo engañaba y otros, porque sencillamente no tienen ningún interés por el futuro de nuestra patria. En resumen, toda una buena parte de un México encerrado en la obscuridad, o por falta de educación, por irresponsable desinterés o por simple egoísmo.

Mientras todo esto acontecía, tengo la impresión que el Virrey Francisco Javier Venegas de Saavedra Rodríguez de Arenzana Güemes Mora Pacheco Daza y Maldonado no alcanzaba a asumir conciencia clara y precisa de la tremenda amenaza que se cernía sobre la capital. Ya Hidalgo se encontraba en Toluca planeando su arribo a aquella. Mientras tanto el Virrey encomendó a un militar mediocre y a la larga cobarde y traidor, llamado Torcuato Trujillo, para que acompañado de 2 mil hombres enfrentara a una multitud de aproximadamente 80 mil seguidores del ahora “Alteza Serenísima” ( ese término creo que Santa Anna se lo voló a Hidalgo). Se ubicaron dichas Fuerzas en la cima de un cerro conocido como Monte de La Cruces el día 30 de octubre de 1810 a las 11 de la mañana, pertrechadas entre ramas de los árboles y armados de cuatro cañones. En la medida que las hordas avanzaban, éstas eran repelidas por Trujillo causando un buen número de bajas. Ahí Allende, por cierto ya acompañado de Abasolo y de Jiménez quien a la postre moriría ejecutado con Hidalgo en Chihuahua, estuvo a punto de perder la vida. Siguiendo entonces sí, una real estrategia militar y teniendo por ventaja a tanta población, se implementó una acción que significó rodear a los artilleros y sorprenderlos de manera de atrapar con cuerdas los cañones y jalarlos para desubicarlos y dejarlos fuera de acción.

Sin embargo conscientes de la superioridad realista, se llegó a la conclusión de mejor pactar un alto al combate enviándose para ello una comisión representante de los insurgentes portando una bandera blanca. Trujillo dio le impresión de darles cabida, pero ya teniéndolos a su alcance optó se disparara sobre ellos, lo que significó la muerte de más de ochenta personas. Esto causó gran furia entre las huestes de Hidalgo e impregnó un espíritu de revancha que causó un terrible número de bajas realistas que hizo entre otras cosas huir a Trujillo, quien se fue a esconder en Cuajimalpa. Este pasaje trascendió hasta Europa, donde de igual manera se criticó la acción calificándola de innoble e insensata.

Al día siguiente regresó Trujillo a la capital lleno de vergüenza y con tan sólo cincuenta efectivos de los dos mil originales, entre los que se encontraba el propio Agustín de Iturbide. Venegas enfurecido y a la vez en pánico, supuso la inminente llegada de los atacantes a la ciudad de México, lo que hacía temblar a sus habitantes. Sin embargo sucedió que la Virgen de Los Remedios, patrona de los realistas, hizo aparentemente el milagro de que dicha acción no se consumara. Lo que realmente sucedió fue que la batalla del Monte de las Cruces dejó a Hidalgo prácticamente sin pertrechos para continuar. Se le habían acabado la pólvora y las balas. El cura en resumen, estaba desarmado e imposibilitado para continuar con su proyecto de invasión. Entonces como hasta ahora sucede, el percance sirvió al Virrey para jalar agua a su molino, declarando al hijo de puta de Trujillo triunfador y hasta merecedor de un premio en efectivo que le permitiera vivir para el resto de su vida holgadamente y ya sin remordimientos. Los habitantes de la capital salieron en júbilo a las calles. Todos se abrazaban, lloraban de alegría y entonces otra vez, un nuevo “Tedeum” de acción de gracias.

@ap_penalosa

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