SUFRIMIENTOS DE DON PORFIRIO PREVIO A SU DESTIERRO Y MUERTE

Lo escrito por Amada Díaz se expone como álbum y no como diario debido a que no tuvo tiempo para hacer anotaciones cada día. Las circunstancias la mantenían absorta en muchas otras actividades según las tristes circunstancias que en cada momento de su existencia tuvo que afrontar. Muy brevemente, de su puño y letra se exhibe en forma muy resumida según fechas de sus escritos, lo que fue el acontecer de los peores momentos y verguenzas para México en el proceso de lo que se da en llamar “Revolución Mexicana”, de la cual surgen anécdotas que hacen notar al lector tantas mentiras y elevación a las alturas de personajes que en la realidad resultaron por demás dañinos, detestables y quienes a la postre según los “historiadores” debieron ser elevados a la categoría de héroes, mas en la práctica de barro o judas de cartón a ser quemados con muchos, muchos cohetes y que ahora irónicamente con sus nombres embarran y hasta ensucian grabados con letras de oro, ese circo nuestro llamado Congreso de la Unión.

Amadita casó en 1888 con un hombre muy rico, hijo de un poderoso hacendado llamado Ignacio de la Torre quien había hecho gran fortuna con propiedades entre otras azucareras, localizadas principalmente en el estado de Morelos. Era muy trabajador y ambicioso. Se dice que además era justo y espléndido con su gente. Le querían bien, lo respetaban y por lo mismo obtenía de ellos su mejor esfuerzo. Entre la lista de trabajadores aparecía el nombre de Emiliano Zapata, hijo de otro Zapata que siempre se mostró agradecido a la familia De la Torre.

Apenas contrajeron nupcias, Amada sentía a su esposo muy distante de todo aquello que como toda recién casada deseaba saborear, esto es, las mieles del amor en todas sus formas. Lo notaba alejado, desinteresado y hasta temeroso a la cercanía con ella. Sospechó entonces que en sus actitudes había algo extraño. Ignacio solía alejarse con mucha frecuencia de su casa, era amigo de la farándula pero además, dichas fiestas hacían coincidir a hombres homosexuales. Ignacio era uno de ellos. En cierta ocasión alertada la policía de dichos escándalos, penetró al lugar donde se llevaba a cabo una más de tantas fiestas y resultó que entre los detenidos se encontraba su marido vestido como mujer, con la cintura avispada pero eso sí, luciendo el típico bigote que la moda de aquella época imponía. Don José Guadalupe Posada, uno de nuestros grandes caricaturistas mexicanos, dispuso de dicho tema para elaborar una burlesca ilustración intitulada:” Los 41 Maricones encontrados en un baile de la Calle de la Paz el 20 de noviembre de 1901″, la que dio la vuelta por todos los ambientes sociales de la ciudad causando estupor.

Cuenta Amadita que cuando habló con su esposo al respecto, éste todo lo negó aduciendo que sólo era producto de acciones de los enemigos de Don Porfirio. Pero para ella lo sucedido simplemente significaba la confirmación de sus sospechas.

Más pronto que tarde, Díaz la mandó llamar y le confirmó que lo que se decía de su yerno era cierto y que para evitar un escándalo en detrimento también de su persona, había intervenido para que Ignacio quedara de inmediato en libertad. Respetó a su hija y le advirtió que él de ninguna manera se inmiscuiría en un asunto tan de pareja, pero que fuera cual fuera la decisión que aquella tomara, él como padre, estaría en la mejor disposición de brindarle cualquier tipo de apoyo y consuelo. La pobre mujer siempre vivió entre la espada y la pared. No obstante la pena que tanto afectaría el resto de su vida, nunca dejó de amar y respetar a su marido, quien por cierto en la medida del tiempo fue mostrando más a la luz pública su tendencia sin sentirse molesto ni preocupado por lo que se hablara de él. El amor de Amadita a su marido, su tortuoso correr y la maldad de Zapata, sumados a las circunstancias de la revolución, hicieron que su vida se tornara en un infierno hasta el día de su muerte.

Me decidí a escribir esta serie de artículos a partir del pasado 1 de Julio, porque tengo que decir que mi intención fundamental es la de colaborar a hacer conciencia entre los lectores que se acerquen a leerme, de la urgencia que todos los mexicanos tenemos para estar claros del real entorno que nos cobija y que a mi juicio está muy deformado en cuanto a su verdadera imagen. Muchas veces he mencionado a lo largo de mi redacción que en mi opinión nuestro problema fundamental radica en la falta de verdad y educación, punto.

Ahora bien, además de que no soy historiador, sólo me reconozco como mexicano interesado en conocer la realidad en torno al proceso que efectívamnete ha seguido mi país. Me está muy claro que todo lo que haya señalado debe estar bien sustentado en razón de consultar tantas obras históricas que se han escrito casi inmediatamente después de que los acontecimientos se suscitaron, como también libros recientes que denotan mucha investigación previa.

Por otro lado y también derivado de tanto que he tenido la oportunidad de leer y confrontar, de pronto siento algo así como URGENTE hacerle a ver a mis compatriotas que hemos sido muy injustos con muchos personajes de nuestra patria a quienes deberíamos de reconocer, admirar y hasta agradecer por tanto que hicieron por nosotros y que desafortunadamente pasaron al olvido o con toda intención se les encerró en un armario asegurado con varias chapas. Igual me parece injusto, deshonesto y hasta arbitrario el que personajes lejos de hacernos sentir orgullosos, en la práctica hayan resultado deleznables. Pero además lo que es peor, elevados a la categoría de “prohombres” porque así, aprovechando el sistema esa ignorancia de la que somos víctimas, muchos gobiernos se han basado en ellos con afanes demagógicos y a afecto de ganar votos que los lleven al poder y desde ahí cometer todo tipo de traperías que cada día desgastan más a nuestra nación.

Me niego rotundamente cuando me refiero al tema relativo a la Revolución Mexicana a hacerlo como tradicionalmente se expone porque a mí en lo personal dicho movimiento me parece una farsa protagonizada por muy pocos en detrimento de muchos más que sumados a tantas víctimas inocentes y manipuladas desde que los primeros independistas atraparon para sus objetivos personales y hasta mesiánicos, hoy si se hiciera un censo podrían significar probablemente millones de muertes inútiles y estériles. Madero, Zapata, Villa, Huerta, Obregón y hasta Calles con sus dos achichincles que se dejaron manejar de acuerdo a los intereses de este último, simplemente protagonizaron una tragicomedia que después de Don Porfirio nos volvió a sumir en lo más profundo de un precipicio, trayendo con ello terribles consecuencias. ¡Cuánto se ha escrito y publicado sobre Revolución Mexicana! ¿Cuánto de todo lo enaltecido es cierto? ¿Cuánto de lo publicado, que no es cierto, es en lo que más insisten los políticos en resaltar para con base en ello mover muchedumbres que no saben a dónde se encaminan?

Me bastó leer a manera de “remate” el libro de don Ricardo Orozco, para darme cuenta en 186 páginas, que tantos otros libros antes consultados sobre Revolución Mexicana habrían salido sobrando y me hubieran permitido leer otras cosas sobre México, que lejos de frustrarme terminarían por alentarme. En ese libro, repito, en el que se inserta lo escrito con toda honestidad por la hija de Don Porfirio Díaz, terminarán muchos de darse cuenta quiénes fueron realmente esos personajes de esa pseudorevolución por los que tantos ¡vivas! proferimos y que por el contrario, sabiendo lo que realmente hicieron, nos pondrían a llorar. Yo recomiendo ampliamente dicha obra. Es muy fácil de leer, a mi juicio honesta y por lo mismo veraz, en razón de provenir de quien fuera sangre de su padre. También ahí se percata uno sobre personajes, entre otros de torva figura como lo fue la de Emiliano Zapata a quien no se le puede adjudicar un adjetivo más allá de maldito, desalmado y vergonzante.

Termino así mi serie y espero les haya resultado de utilidad. Muchas gracias.

@ap_penalosa

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