Tampoco “Santo” Don Porfirio

Cuando hablo de historiadores e “historiadores” a los últimos los califico de viscerales y mentirosos. Yo admiro a Don Porfirio pero debo ser justo y veraz respecto a su persona

A mí en lo personal me costó mucho trabajo en mi intención de ser equilibrado y colocarme en un justo medio cuando me referí a Juárez. Por más que me esforzaba en encontrar cualidades que justificaran el por qué de la idolatría del pueblo de México a dicho personaje, por lo contrario, en la medida que avanzaba en mi investigación más terminaba yo enojándome. A Juárez lo encontré a mi gusto intransigente, traidor, necio y ambicioso. Pero al sistema que ha pretendido imponerlo con todos sus títulos de “prócer”, “Benemérito”, etc., a ese sí francamente lo califico de deleznable y mentiroso. Por el contrario, en el caso de Don Porfirio en general y con todo y sus asegunes, me parece encontrar a un ser humano con muchas imperfecciones pero finalmente brillante en nuestra historia . Sería estúpido de mi parte resaltar solo lo bueno de él haciendo caso omiso a esos enormes defectos y crueldades que también en su momento lo caracterizaron.

Ejemplo de esto último está en cómo fue la relación de Díaz con el General Manuel González, su compadre y luego presidente también. Éste último nació con la vocación militar, punto. No había más que esperar de dicho personaje. Lo hizo muy bien. Primero fue conservador pero después de darse la Intervención por parte de los franceses, de inmediato cambió al partido liberal y fue entonces cuando se encontró por vez primera con Don Porfirio. Fue Don Manuel el último peldaño que llevó al triunfo a Don Porfirio cuando con sus apoyadores indígenas no se daba abasto hasta en tanto no llegó González con sus tropas de caballería a poner a los federales en estado de total derrota. Era un hombre ya en el retiro que acumulaba fortuna. No sé de su procedencia. Lo que sí es cierto es que era propietario de la hacienda de Chapingo, enorme lugar en el cual después se ubicara la Escuela Nacional de Agricultura que pasó a ser de una institución militar a otra pero ahora civil, autónoma y bien reconocida con todo y alguno que otro lechuguero que sé que me está leyendo.

A Don Manuel le encantaban las mujeres, lo cual a mi juicio lo enaltece. Era ávido en su afán de conquistarlas y vaya que lo hacía bien. Primero por mojigaterías y después por razones políticas se le satanizó. No lo dejaban de calificar de promiscuo, farsante, mujeriego, jugador, sobre todo los persignados que dolidos con ellos mismos, tenían que acercarse del brazo de su esposa todas las tardes al rosario mientras Don Manuel se encontraba en sabrosas tertulias con damiselas que le alegraban su compañía. Pero bueno, en resumen, el General González terminó actuando como “hombre de paja” de Don Porfirio. Los que no eran del Club de “los rosaristas” en lugar de ir a la iglesia a la seis de la tarde con la esposa, se reunían para ver de qué manera obstaculizaban la pretensión de Don Porfirio de manera de imponer a quien sería su extensión en el poder. Hasta se formó un partido llamado de los “burocráticos” que insistían en apoyar a un señor Benítez quien sufría su soledad y su miseria en Europa pero que con lo poco que le quedaba, desde allá azuzaba en contra de Díaz.

Éste último y por eso también hablaré de sus excesos, un día recibió noticias de su Policía Secreta desde Veracruz que le hacían ver de los intentos de gente de muy altos niveles que estaba conspirando en contra de sus intenciones. Entonces Díaz cauteloso y desconfiado como era, hizo que en el puerto agentes suyos se colaran entre los diversos grupos sospechosos y sí, le confirmaron con pelos y señales qué decían y qué pretendían hacer. Creo que en Veracruz surgió la frase aquella de “mátalos en caliente” porque a resultas de todo lo anotado, Don Porfirio tomó de inmediato contacto con el gobernador de Veracruz, su incondicional Don Luis Mier y Terán, originario de Guanajuato y con quien alguna vez al alcanzar Oaxaca, terminó estrechando profunda amistad.

El 23 de junio de 1879 Díaz ya sabía quiénes eran los implicados en la pretendisa asonada y ordenó a Don Luis que los hiciera detener. Al conocer la lista Mier y Terán se quedó helado. Se percató que incluía nombres de personajes bien avecindados y sujetos de todo respeto. Se hizo un poco el desentendido esperando dar tiempo a favor de aquellos infelices, pero ya para el 24 de junio el movimiento estalló y con ello Don Porfirio se enteró que Mier y Terán no había cumplido con sus instrucciones. Entonces a Don Porfirio le entró lo “Díaz” y fue cuando se afirma que se aplicó aquella frase anotada. Se dice que el número de sacrificados sumó 25 personas.

Muy triste resultó el final de Don Luis Mier y Terán. Yo tuve el gusto de conocer a una alumna mía hace muchos años en la UNAM, quien me platicaba que Mier y Terán, su tío bisabuelo, había muerto en total estado de demencia por remordimientos. Aparentemente la razón de su desquiciamiento derivó de la angustia existencial que precedió al sacrificio de las personas que se vio obligado a ejecutar. También Catón habla de un pasaje por demás dramático cuando hace alusión a la madre de una criatura quien se fue a poner a la puerta de la casa de Don Luis. Cuando apareció, la señora le expresó a su hijo: “mira, este es el asesino que mató a tu padre…”.

Twitter: @ap_penalosa

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