TRISTEZAS Y DECEPCIONES QUE AFECTAN A LA HISTORIA

Cuando los seres humanos viven envueltos en la tristeza, sus sensaciones se expanden y contagian a su entorno. Dejan de ser positivos y alegres y no perciben que poco a poco resbalan hacia una profundidad sin que nadie se percate o se interese por sus cualidades, defectos y sufrimientos.

En la época del porfiriato, luego de muchos años de tragedias, México vivió una etapa de estabilidad aún con pendientes que no se terminaron de resolver a favor de muchos pobrecitos. Se hicieron grandes esfuerzos orientados para que nuestro pais empezara a resaltar ya no como pueblo de salvajes a los ojos del mundo. Se buscó y se alcanzó un cambio para exponer una imagen que invitara a los desconfiados a acercarse y sentir una nación curada de heridas después de tomar conciencia de tantos dolores que supo asimilar y luego sublimar. Eso se lo debemos a un gran hombre: Don Porfirio Díaz. Exhibió muchos defectos como cualquier ser humano, entre ellos, la enfermedad del poder.

Sin embargo, el pueblo no se mostraba preocupado o inquieto por sus caprichos. Más bien confiaba que mientras más tiempo durara al frente de su gobierno, las cosas seguirían marchando bien, en orden y sobretodo en medio de esa paz tan anhelada y necesaria.

Nuestra patria estaba y se sabìa cobijada por un individuo generoso y justo que mientras se mantuvo al frente también igual sufrió. Era duro, enérgico, a veces se extralimitaba en el trato a la delincuencia. Pero en el fondo sabía que tantos tumores a extirpar, o se extraían o terminarían invadiendo el resto de un cuerpo en vías de sanar. Muchos mezquinos se aprovecharon de su bondad y honradez. Luego lo desconocieron arguyendo que su posición dictatorial solo significaría debacle. Esos mismos que se decían sus entusiastas admiradores fueron los que con el pretexto de que la patria sola se encontraría a sí misma, terminaron abandonándolo y despreciándolo. Fueron los mismos que luego de argucias, traiciones e hipocresía, decidieron expulsarlo de su patria, a la que jamás retornó y que seguramente hasta el momento de su muerte añoraba. Luego de su ausencia vino el caos. Todo se convirtió en intrigas, más traiciones, sangre, decenas trágicas multiplicadas varias veces hasta que arribó al poder el Señor presidente Cárdenas.

La miseria humana está bien ejemplificada en la acción que se denotó en contra de Don Porfirio. Igual ese fenómeno cada día se observa en muchos que terminan mostrando ese cobre barnizado para que dé la impresión de oro. Se dicen buenos, nobles, leales, pero basta rascar un poco a la superficie que los disfraza y las uñas resultan manchadas y difíciles de limpiar. Tantos como aquellos, han colaborado para que México cada día se sienta más triste y abatido.

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