Un alto en el camino

De pronto la vida nos pide un rato de descanso. Nos invita a relajarnos, a meditar. Me gusta salir a tomar un café y observar el verde y la puesta del sol que hace que las ardillas brillen. A un lado la historia, clases, conferencias, escribir…Grato evocar y sentir que el ser amado nos acompaña aunque sea solo en pensamiento.

Creo que la soledad debe ser maestra, pero no de tiempo completo. De pronto al atraparnos nos enseña muchas cosas, pero como buena profesora nos motiva luego a salir para aplicar lo que nos dejó de lección. Es un poco como la que nos urge a llevar a la práctica todo aquello que depuramos gracias a ella para compartirlo con nuestro entorno. En la práctica la vida nos obliga a convivir con tantos como nos rodean. No somos ermitaños.

Recuerdo cuando niño, algunas veces llevaba a mi padre mi libreta de calificaciones las cuales eran pésimas. Tanto lo adoraba que al mostrárselas reparaba en el dolor que le causaba y que a mí también me hacía sufrir. Me proponía mejorar y a la semana siguiente luego de un gran esfuerzo retornaba a casa ansioso de encontrar a mí papá y decirle “mira, he mejorado en parte porque te quiero mucho y deseo que con esto te des cuenta”.

Ahora mí vida ha cambiado mucho. Me asustaba retirarme de la vida profesional, pero más inquieto me hacía sentir el no saber a ciencia cierta que nuevos rumbos tomar. Finalmente decidí que lo mejor que podría hacer, era lo que antes no estaba al alcance de mis posibilidades, en este caso escribir y tratar de trascender de manera de regalarle a quien se interesara, mí opinión respecto a lo que yo considero ha sido la verdadera historia de México. Ahora me siento pleno. Gracias a esa soledad aprendí a ganar espacios que me permitieron descubrir facetas que mi propio yo desconocía. Mis clases, conferencias, nuevas amistades, más conocimientos, etc. me proporcionan muchas alegrías.  Resulta maravilloso el percatarse que cuando descubrimos más de nuestros potenciales y los actualizamos, lejos de hacernos más viejos, por el contrario, la vida nos enriquece y rejuvenece.

Esta tarde decidí no salir a tomar café, preferí plasmar este pensamiento para regalarlo a quien me lea.

Solo le pido a mi miss Chole, que ya me deje ir, porque quiero retornar al mundo y reencontrarme con alguien a quien por demás extraño para también a ella mostrarle mis nuevas notas.

Hasta luego, porque regreso a trabajar.

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