¡VAYA HERENCIA QUE LE DEJARON A CARRANZA

A su salida a Europa, Victoriano se dedicó al “dolce farniente” con su cercanísimo amigo Blanquet. Eran algo así como los consentidos del kaiser alemán Guillermo II quien no se detenía en brindarles todo tipo de atenciones y deferencias. Gracias a ese personaje, Huerta abrigaba esperanzas de retornar a México para hacerse nuevamente del poder. Sin embargo, su alcoholismo ya lo tenía totalmente atrapado. Dos razones movían al kaiser para dar especial importancia a México: sus recursos petroleros, mismos que estaban bajo control principalmente de Estados Unidos e Inglaterra y la certeza de que sin ellos, a la vista de la conflagración significada en la Primera Guerra Mundial, ponía a los germanos en franca desventaja frente a sus enemigos potenciales. O sea que México representaba importancia prioritaria y determinante del triunfo de los que se batirían en Europa. Recordemos que Wilson se decidió contra toda su voluntad a favor de Carranza porque el resto de la “caballada” en su opinión estaba más que flaca. Además, dos de los caballos eran muy “pajareros”, término que en equitación se utiliza para definir a un animal voluble que de pronto por cualquier movimiento extraño se asusta, se sale intempestivamente de su ruta y hasta pone en peligro al jinete. Así eran Villa y por supuesto Zapata.

Le molestaba a Wilson no haber terminado mejor echando mano de Pascual Orozco en lugar de Carranza. “Aceptó” a regañadientes a este último resignándose a tantos problemas que le significarían su relación con el en razón de su rebeldía, tozudez, intolerancia a la presencia yanqui en nuestro territorio, etc. Por supuesto, no estaría en principio de acuerdo Wilson en otorgar a don Venustiano su reconocimiento como Presidente Constitucional de México. Eso según Wilson, tendría que ganarlo derivado de la sumisión que Carranza poco a poco fuera demostrando a su gobierno. Digamos que Wilson se echó un señor alacrán de esos bien güeros como los de Durango sobre sus espaldas. En mi opinión, con la llegada de Carranza al poder, la mentada Revolución Mexicana entraría a su proceso final. Todo eran divisiones entre los que la representaban, intereses personales y a fin de cuentas dicho fenómeno facilitaría las cosas a los yanquis para acrecentar sus intereses pero sobre todo la satisfacción de sus necesidades.

También los petroleros denotaban reticencia hacia Carranza pero no dejaban de desesperarse ante la falta de decisión por parte del gobierno americano. Don Venustiano literalmente odiaba a los norteamericanos. No les perdonaba la intervención de la que habían hecho sujetos a Veracruz y Tampico, pero lo que más lo ponía iracundo estaba en el hecho de que se encontraba entre dos aguas: por un lado sabía que requería el apoyo de los gringos pero a sabiendas de que eso entrañaría entregarles prácticamente todo el control y con eso el riesgo de la pérdida de nuestra autonomía. Por el otro, también le estaba claro que dejarlos entrar hasta la cocina lo expondría a aparecer como traidor ante su pueblo. En esos momentos la relación de Carranza con Obregón era muy estrecha y por lo mismo el primero no se percataba que Álvaro era muy ducho en escuchar y obsequiar puntos de vista pero sin comprometerse. Era de los que sabían meter hebra para sacar hilo.

Tenía mucha razón don Venustiano cuando decía que nuestra nación primero había satisfecho solo apetitos territoriales a los Estados Unidos. Ya luego, esos antojos se convirtieron en más, en la medida de ir descubriendo todo lo que nos seguía quedando. También en sus reflexiones, concluía que Taft había apoyado a Madero con la condición de recuperar lo que don Porfirio había concesionado a los ingleses, pero siempre, siempre, los petroleros habrían estado involucrados justo cuando se presentaba un problema político entre el país del norte y México.

Llegó a temer don Venustiano que si nuestra nación no cedía a las presiones norteamericanas, lo único que se podría esperar sería una cadena de sabotajes, represiones y más cosas que orillaran al país a su destrucción. Defendía a pulso a Madero y lo calificaba como compatriota digno que había sabido defender nuestros intereses al punto de perder la vida en razón de las intrigas de Lane Wilson. Sin embargo, era obvio que en su pretensión de resaltar a don Francisco, tampoco podía descartar que ese mismo presidente asesinado, flaco favor le había hecho al país cuando tanto aquel como Huerta le heredaron el gran problema surgido con los petroleros y que se había significado en su rebeldía a pagar los impuestos consecuentes de la explotación de los yacimientos y del registro de sus activos, lo que para los gringos y británicos les hacía suponer que sería el paso previo a la expropiación. Era obsesión de Carranza rescatar la autonomía política y administrativa del país llevada a pique por las intromisiones de los inversionistas referidos durante el porfiriato, el maderismo y el huertismo. De aquí a mi entender, el que Carranza suspirara por Alemania, quien sería el enemigo atroz a vencer por parte de los dos primeros enemigos perfilados a unirse con la mayoría de las otras naciones europeas temerosas de la acción de los teutones.

Agrego fotografías de Edward McDoheny (La Tolteca) y de Lord Cowdray (El Aguila) y del Kaizer de Alemania Guillermo II

@ap_penalosa

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