VENUSTIANO CARRANZA, MÁS TRAICIONES Y EL TELEGRAMA ZIMMERMANN

Yo he tenido en mi vida muchos amigos militares y marinos por lo cual me siento muy orgulloso. He aprendido mucho de ellos porque entre otras cosas me doy cuenta que saben mucho sobre la verdadera historia de nuestra nación. Recuerdo con especial cariño al general Víctor Manuel Ruiz Pérez ya fallecido, y con quien platicaba cada vez alrededor de tantas cosas que la historia oficial se ha empeñado en ocultar. Víctor formaba parte de una familia a la que se le llegó a calificar por los hombres que la formaban empezando por su padre, como “La de los príncipes del Ejército Mexicano”. Tanto el progenitor de Víctor como sus hijos fueron en extremo brillantes por su especialidad en lo castrense. Su hermano Leobardo como médico militar llegó a ser el Director General de Sanidad, esto es, la máxima autoridad médica en el ámbito de la Secretaría de la Defensa Nacional. Luego llegó a ser el Director General del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

Víctor por su parte de entre tantos y tantos cargos a lo largo de toda su carrera, siendo del Arma de Caballería, llegó a ser el Comandante de la Primera Zona Militar que incluye a la ciudad de México y estados aledaños. Fue Agregado Militar en Francia y estuvo a un paso de constituirse en el secretario de aquella dependencia. Desafortunadamente su salud no se lo permitió. Sufrió una diabetes que lo llevó finalmente a la sepultura con todos los honores dignos de un gran General de División. Ahora mismo, sigo extrañando a ese amigo mío tan entrañable. Independientemente de su capacidad, Víctor fue un hombre sumamente cálido, sencillo, culto y empapado de nuestro real acontecer.

Nos gustaba mucho comer regularmente en buenos restaurantes franceses o particularmente tenerlo con su esposa Babi en mi casa dado que mi ex esposa Aline también como buena francesa es excelente cocinera. Igual yo tocaba el acordeón y él a su modo cantaba melodías francesas frente a todos los que hacíamos un grupo delicioso, o bien él, mi suegro y yo nos subíamos a mi estudio a tomar un buen Armagnac y a conversar sobre historia de México, mientras nuestras esposas y mis hijos se quedaban en el jardín a pasar la tarde disfrutando el postre.

A veces, sobre todo Víctor y yo, salíamos peleados porque yo en muchas ocasiones no estaba de acuerdo con lo que él planteaba y le reprochaba según yo su “aberrante” nacionalismo militar. En algunas ocasiones, muy pocas por cierto, yo sentía que le ganaba pero en la mayoría de ellas él acababa derrotatándome porque sonriente se percataba de que muchos capítulos de la historia de mi país yo los desconocía y entonces con mucha bondad me ponía al tanto. Fluía después en mí un muy fuerte resentimiento una vez más hacía la historia oficial escrita sobre nuestro devenir.

Mis encuentros con Víctor Manuel y con mi suegro Louis Sol La Lande eran exquisitos. Ambos aportaban en materia histórica relatos fascinantes. Los dos conocían muy bien tanto de la historia mexicana como de la francesa ¡Qué decir de Napoleón Bonaparte o de Jacques Soustelle a manera de ejemplos! Yo prefería guardar silencio y escuchar respecto tanto que además me resultaba gran sorpresa. Ellos me enseñaron a profundizar en torno al tema de la Batalla de Camarón de la cual ya escribí en otros blogs con anterioridad y respecto de la cual me percaté que ni yo ni la mayoría de los mexicanos sabíamos ni pío. En relación con Revolución Mexicana, hacia la cual siempre he manifestado mi indignación, me di cuenta gracias a ellos que yo en parte tenía razón. Habían muchas cosas ocultas que vinieron a confirmar el por qué de mis estados de ánimo en relación a dicho acontecimiento.

¡Qué sorpresa me significó todo lo verdadero y bien guardado atrás de aquel evento cuando de pronto tomé conciencia de la estrecha relación de don Porfirio Díaz con la materia relativa a “Su Majestad el Petróleo”, con la Primera Guerra Mundial y luego para rematar, con el suceso referente al famoso Telegrama Zimmermann. Un día Louis me preguntó irónicamente: “¿Antonio, te imaginas que esta misma conversación que ahora estamos sosteniendo, la estuviéramos llevando a cabo hablando en Alemán?” Fue cuando me estremecí al saber que si Alemania hubiera ganado la Primera Guerra Mundial ese país se habría apropiado del nuestro ¡Y vaya que estuvimos cerca de eso!

Más adelante haré referencia al famoso Telegrama. Por lo pronto, una vez más, así como se ha ocultado la trascendencia y orgullo para los mexicanos lo que significó el pasaje Camarón, casi tampoco se ha hablado de manera abierta en alusión al Telegrama Zimmermann. He encontrado más referencias que aluden a este asunto en Europa, principalmente en Inglaterra, Alemania, también en Estados Unidos y finalmente, aunque con cierta cautela, en la obra escrita por Francisco Martín Moreno, quien en su libro “México Secreto”, a manera de novela expone lo que a su jucio sucedió.

@ap_penalosa

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