VERGONZANTE FINAL DE HIDALGO EN UNA NUEVA ESPAÑA CADA VEZ MÁS ENSANGRENTADA.

VERGONZANTE FINAL DE HIDALGO EN UNA NUEVA ESPAÑA CADA VEZ MÁS ENSANGRENTADA.

Me decía mi tío Joaquín que el caso del Padre Melero refleja cómo Dios es aficionado al ajedrez dado que sabe bien cómo colocar las fichas. Mi tío tenía varios apuntes personales alrededor de ese sacerdote, mismos que a su muerte fui a buscar pero desgraciadamente supe después que habían ido a caer en otras manos. De todas formas se me quedó muy grabado cuando mi tío sostenía que el padre Melero gracias a una invitación que le hicieran Allende, Abasolo y Aldama a comer, soltó la papa a tal grado que éstos se preocuparan en serio porque se hiciera presente ante el cura Hidalgo. Fue entonces a encontrarse en Dolores con éste último y de ahí surgió una gran amistad y confianza entre ambos.

Hidalgo entonces lo reforzó con chocolate por supuesto, alimentos, aguardiente y todo lo demás necesario para que por su conducto al llegar a San Luis éste se encargara de hacer proselitismo a favor del movimiento. Melero ni tardo ni perezoso fue a San Luis a cumplir con el encargo,aprovechando la oportunidad que le brindaba el confesionario. Casi todos los afectos a sus sabios consejos salían henchidos y resueltos a seguir las sugerencias de Melero. Pero un día sucedió que entre tantos devotos a cumplir con la obligación de asistir al confesionario antes de ir a comulgar previo el ayuno obligado, resultó ser nada más y nada menos don Félix María Calleja, el mismo que cuando supo del inicio de la revuelta insurgente en Dolores había convocado a los potosinos a aportar a favor de que la acción realista contara con los recursos suficientes. Decía mi tío que algo que no le gustaba de los potosinos no obstante su amor por ellos, era el hecho de saber que éstos en su momento colaboraron a favor de lo que a la postre significó una gran masacre. Taimado, Melero asistió a la reunión convocada por Calleja y apenas salió éste de San Luis para iniciar su plan de persecución a los insurgentes, el mismo cura se levantó en armas, puso en prisión a los sacerdotes peninsulares y tomó bajo su control a la ciudad.

Mientras tanto, Don Mariano Jiménez sabedor de la audacia y autenticidad del padre Melero y quien tenía dificultades para enfrentar al gobernador de Coahuila, el Coronel Arturo Cordero y Bustamante, le solicitó a Melero que se trasladara a aquel estado para que junto con Bustamante derrocaran a Cordero quien por cierto a la larga finalmente se decidió a pasarse a las fuerzas insurgentes. Cuenta Don Armando Fuentes Aguirre en el mismo libro citado anteriormente, que un amigo de
Jiménez llamado Pedro Aranda, reunió a un grupo de revoltosos para que fueran a saquear las tiendas de todos aquellos que se identificaban como simpatizantes de los revolucionarios. El Padre Melero salió furioso y a punto de garrotazos los hizo abandonar las acciones iniciadas.

Hasta aquí de los desmadres simpáticos de ese hombre bueno y bronco. Cordero por haber sido realista estuvo a punto de ser linchado por la turba revolucionaria. Melero finalmente lo salvó echando mano de todos su recursos, entre otros su capacidad de oratoria con la que sabía hacer reaccionar a la gente y con esto a tranquilizarla. Pero pasemos como decía mi tío Joaquín a la parte dramática que tuvo que enfrentar el Padre Melero en razón de la traición de que fueron sujetos Hidalgo y demás iniciadores del movimiento al punto de resultar detenidos y hechos finalmente presos.

El 24 de febrero de 1811 llegó cerca de Saltillo la esposa de Don Mariano Jiménez en avanzada, informando del próximo arribo de don Ignacio Allende. Efectivamente, horas después éste último acompañado de su hijo Indalecio, de Abasolo y de su esposa con un bebé en brazos se aparecieron en el lugar. En Aguanueva Melero los recibió, les dio acomodo para comer y descansar y envió a Saltillo a alguien para anunciar a Jiménez que al día siguiente dichas personas estarían llegando a esa última ciudad. Atrás de ellos y a suficiente distancia venía Hidalgo en calidad de preso, quien prefería arribar hasta por la noche y para el cual Allende solicitó un espacio que le diera cabida. Qué triste un Hidalgo necesitado de resguardarse en la obscuridad y con un peso de conciencia que lo aplastaba.

A la llegada de Hidalgo, ahora sí en reunión formal, éste se decidió a ratificar su renuncia y por unanimidad de votos Allende asumió el cargo en su lugar. Así Hidalgo quedaba definitivamente ante la mirada de conmiseración y sentimiento de piedad del propio padre Melero. Dice Melero que al pasar por Santamaría, el padre Hidalgo ofició la que sería su última misa. Mi tío Joaquín dice que eso no es cierto. Según él, Hidalgo dejó de oficiar desde el mismo momento en que inició el movimiento el 16 de septiembre ¡Vaya usted a saber…! Aquí un paréntesis. También se habla de que en algún momento Venegas, convencido del resultado de la rotunda derrota en Puente de Calderón, pensaba que los insurgentes finalmente aceptarían darse por vencidos y dispuestos a firmar la paz comprometiéndose a ratificarse seguidores de la monarquía que encabezaba Fernando VII. Se sabe que todos, incluyendo a Hidalgo, rechazaron la propuesta insistiendo en su intención de conseguir la libertad tan ansiada para la Nueva España a costa de lo que fuera.

El 20 de marzo de 1811, el Padre Melero se encontraba ya cerca del trágico pueblo de Baján, camino de Monclova. Ahí gente de don Ignacio Elizondo se adelantó con el pretexto de alertar al cura de las dificultades del tiempo que hacían recomendable ministrar por partes el paso de cualquier convoy para que las capacidades de las norias no se agotaran y siguieran proveyendo el agua necesaria. Melero lo creyó, cenó y pasó a dormir temprano previendo seguir al día siguiente su rumbo a partir de las 4 de la mañana del 21 de marzo. Después de tomar el obligado chocolate, salió acompañado de una pequeña guardia cuando de pronto se vio sorprendido por la presencia de Elizondo acompañado del Obispo Borrego de Monterrey. A una señal de Elizondo, fueron apareciendo un número suficiente de elementos que entremezclados con la escasa guardia de Melero reforzaron la fuerza necesaria para tomarlos presos y llevarlos a encerrar en una pequeña construcción.

A las 2 de la tarde de ese 21 de marzo apareció el primer carruaje con insurgentes que incluía a Allende, su hijo Indalecio, Jiménez y Arias. Llegó Elizondo con su gente y a boca de jarro les demandó la rendición en nombre del rey Fernando VII. Allende lo llamó traidor y su hijo Indalecio con la agresividad propia de su juventud, echó mano de una pequeña pistola no acertando y sí en cambio recibiendo un tiro en la cabeza que lo llevó a morir en los brazos de su padre. Los disparos continuaron al punto de destrozar el carruaje dando por resultado que Arias terminara acribillado quedando agonizante. Jiménez abandonó el vehículo y se entregó con las manos en alto convencido de que no quedaba más por hacer. Me cuesta trabajo imaginar cuando a la vista del padre Melero y al ver pasar el carruaje destrozado por las balas frente a él, encontrara a un Allende solicitándole a su “compañerito”- así lo llamaba- le ayudara haciéndole bajar a su hijo muerto y además solicitarle auxilio para bien morir al agonizante Arias.

Hidalgo venía a distancia. Se hacía acompañar de quien fuera terrible verdugo degollador y carnicero a su servicio y quien alguna vez fuera torero. Se le conocía como “el Castrador”. Cuando Hidalgo llegó a Valladolid a formar nuevas tropas, detuvo a ochenta españoles que puso en manos de la turba y de la cual era cabecilla ese diabólico sujeto. Cuentan que “el Castrador”, antes de acabar con la vida de sus víctimas, hacía que las mismas se mutilaran a cuchillo a efecto de causarles previo a la muerte, los más terribles sufrimientos. Esta es otra faceta de Hidalgo que hace sentirme molesto con él. ¿Por qué hacerse acompañar de un auténtico y vil asesino? Pero bueno, pasó lo que tenía que pasar y finalmente Hidalgo también fue apresado y así quedó a un paso de su muerte previo a los horrores que la vida le tenía todavía reservados entre el trayecto de Monclova a Chihuahua, los derivados del juicio a que fue sometido por las autoridades de la Corona y por el juicio y degradación sacerdotal que la Iglesia le tenía reservados

@ap_penalosa

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