Y LLEGÓ LA HORA DE LA EXPROPIACIÓN

El 12 de marzo Hitler había entrado a Austria y tomado Viena. Antes usó a España para experimentar con sus habitantes las armas que ya tenía reservadas para continuar su invasión por el resto de Europa. Nuevamente Francia e Inglaterra preveían una nueva debacle y ésta última se cuidaba mucho de volver a obtener el apoyo norteamericano, mismo que se extendía como tal y al mismo tiempo por interés en razón de su petróleo, a favor del gobierno Cardenista. A Don Lázaro le dolía que la acción de los nazis significara una circunstancia favorable para nuestro país. Odiaba a quien había asesinado a la democracia española. El 13 de Marzo de 1938, en gira por Morelos, Don Lázaro Cárdenas ordenó al General Francisco Múgica la redacción inmediata del manifiesto que haría saber a la nación respecto de su de cisión de expropiar la Industria Petrolera. Múgica daba saltos de alegría y prometió tenerlo listo al día siguiente. Algunos que lo rodeaban temían que el Presidente procedería a ordenar el apoyo de fuerzas militares para resguardar las instalaciones petroleras. Se decidió mejor porque la custodia quedara en manos de los propios trabajadores para con ello evitar derramamientos de sangre derivados de la apariencia de una provocación.

No cabe duda que los refranes populares son muy sabios. Aquello de que “la ambición rompe el saco” se aplicaba perfectamente en el punto en que los petroleros se encontraban. 1,768 de títulos de concesión y más 7 millones de hectáreas de terrenos petrolíferos valían menos para ellos que los 6 millones de pesos adicionales a los veinte originalmente ofrecidos por salarios pendientes de pagar determinados. Ya se notaban entre ellos connatos de desesperación mas sin embargo, yo no me explico qué clase de pócima había encontrado Pierce en el mercado de Jamaica, al punto de que siempre todos terminaban rindiéndose a su exigencias. La Standard Oil era la que mandaba y se sentía con todo el poder y la sabiduría del mundo. Muchos de los magnates demandaron sensatez y hacer a un lado su soberbia ante el Presidente y que finalmente se terminara por aceptar sus condiciones. Era imprescindible no abusar de su paciencia. Cuando por fin cayeron en cuenta respecto a dicha recomendación, ya era muy tarde.

Era el 16 de marzo de 1938, cuando el Presidente Cárdenas atenta y serenamente los recibió pero les advirtió que ya nada era posible. Se había resuelto la expropiación y por lo mismo ninguna alternativa que implicara un paso atrás. La noche de esa misma fecha, el Presidente de la Republica se dirigía por la radio a todo el país y anunciaba oficialmente la decisión de nacionalizar la Industria Petrolera. Don Lázaro Cárdenas del Río fue conciso, preciso y macizo en su alocución. Hizo todo un recuento de lo que precedía a su determinación. Bien se preocupó por hablar sencillo y claro. Sabía que quien lo escuchaba era un pueblo que no entendía palabras rimbombantes.

@ap_penalosa

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