Hojas de otoño

Cada día la vida igual nos lleva a recordar o a proyectar. Hoy, yo prefiero lo primero máxime que el presente se antoja tortuoso y poco claro. No cabe duda que muchos pequeños detalles nos invitan a aquello de “recordar es vivir”

En un parece que fue ayer todavía me veo caminando en un hermoso parque de Reims, Francia, disfrutando en mi lento andar y sintiendo un dulce frío, hojas caídas de los árboles conformando una alfombra dorada que en la medida que la aplastaba con mis pies,  sus crujidos me hacían creer que me decía “ya me voy pero verás que el próximo año otra como yo estará a sustituirme para saludarte si regresas aunque igual la pises”. También recuerdo otros hermosísimos lugares como ríos, pueblos pequeños, fastuosas catedrales, museos, librerías viejas, restaurantes pequeños y acogedores, trenes que me regalaban la oportunidad de observar paisajes inolvidables, etc. que sé que siguen estando y que persistirán luego de que yo me vaya. Nostalgias, remembranzas que de pronto me hacen sentir bien y al rato mal. Me pregunto “¿algun día regresaré? De ser así ¿cómo me encontraré…?

La vida es muy irónica. Nos da, nos quita o a veces nos coloca en el sitio que menos imaginamos y en el cual nunca hubiéramos querido estar. Y así también los seres humanos tendemos continuamente a querer más sin antes habernos dado la oportunidad de terminar de digerir tanto que nuestra existencia nos ha brindado. He tenido la oportunidad de viajar mucho a lo largo de mi correr en este mundo y sin embargo caigo en cuenta que no me he dado el gusto de sentarme a valorar tanto que yo si he tenido mientras la mayoría no solo ha estado lejos del acceso a éllo sino además mientras yo tanto he paladeado, ellos más han sido sujetos de agobios y sufrimientos.

Ahora que estoy escribiendo esto pienso mucho en aquello de “lo pasado ya pasó”, es algo que dejó de ser. Respecto del futuro no sabemos, al punto que pudiera suceder que esto que ahora estoy anotando pudiera quedar inconcluso. Definitivamente la única realidad es el HOY, por grato o duro que de repente pueda ser.

No sé que pase con los demás. En mi caso reconozco que 2012 ha sido un año para mí por demás dramático pero del cual mucho he aprendido y debo agradecer. Crecer duele, a veces en demasía y nunca se deja de crecer habiendo voluntad para eso. Pero este año que está por terminar tengo que recordarlo con la misma intensidad y gratitud como la que sentí cuando la vida quizá con sonrisa un tanto cuanto burlona decidió sentarme varias veces en nubes rosas de las cuales pensé nunca descendería.

No me queda más que decir  GRACIAS una vez más vida voluble pero al fin: VIDA.

 

 

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