Don Porfirio lejos de las ramas

¿Qué era déspota? no.  ¿Duro? por supuesto.  ¿Político? quizá desde que nació.  Pero la historia oficial trata de hacer que se le deteste.

El PRI se regocija, hace planes con el Verde Ecologista y van con la Gordillo a decirle: ”mi alma, ven y ahora siéntate en mis piernas”…. y ahí va la otra.

Exactamente igual que cuando en la época de Iturbide se constituyó un Congreso, nada ha cambiado al día de hoy. Por lo contrario, nos hemos hecho maestros o hasta doctorados en la grilla.  Los que solo observamos seguimos en la baba y los que nos representan bien que se preocupan porque esa baba persista y hasta aumente  aunque nos ahoguemos en ella.  Luego en medio de esa democracia “patito” (perdón Patrico, mi hijo) salimos cada tres o seis años a votar. Y nuestro incomparable México: bien gracias. A veces también me pasa que siento que a los mexicanos nos place que se nos trate con rudeza, así como a muchas mujeres u hombres que si no salen de pronto golpeados por el o la cónyuge piensan que ya no se les quiere.

Don Porfirio no se andaba con medias tintas: “o se ponen en paz o les rompo la madre”. Y cumplía con la amenaza ¡sí señor! Y astuto como era,  también respaldaba con el “buen ejemplo” el “bien hacer” dando seguimiento a los mandatos impuestos por la Constitución. Creo que fue el precursor del “tapado”.  No sé si se recuerde  previo a la decisión Presidencial a favor de López Mateos o de Don Gustavo Díaz Ordaz,  aquel anuncio de una cigarrera que rezaba:  “el tapado fuma Elegantes”. Así Don Porfirio, como en el acto de streaptease, de pronto mostraba y luego ocultaba. En 1898 en Monterrey cerca ya de la convocatoria a nuevas elecciones, le dio tal coba al General Bernardo Reyes en un banquete a la hora del brindis, que todos los regiomontanos daban por seguro que su sucesor  sería aquel,  en ese momento Gobernador de Nuevo León. Haciendo a un lado al mismísimo Presidente  todos se fueron a la cargada para hacerse notar ante el señor Reyes. Díaz a su interior se sentía muy bien y sonreía malevolamente ¡Vaya que se había exhibido demócrata! Lo que no sabían los del Cerro de la Silla era que en ese mismo momento en México había otro gallo que también cantaría: Don José Yves Limantour quien estoy seguro, en caso de no haber aparecido por ahí el señor Madero, hubiera sido el sucesor de Don Porfirio, en serio. Su gestión lo hizo resaltar como unos de los mejores Secretarios de Hacienda que han habido en nuestra historia.

La salida de Don Porfirio a su destierro  aunada al inicio de lo que a la postre significaría un rotundo fracaso, esto es la gestión de Don Francisco  quien terminaría asesinado junto con Pino Suárez, no dio pie a la continuación de un Porfiriato. Esto dio por resultado nuevas décadas de sangre y masacres inútiles que quedarían entonces reflejadas en una nueva dictadura de 70 años encabezada por un partido que ahora sigue vigente y se está recontruyendo que se llama PRI.

Si hoy la autoridad se amarrara los pantalones y de entrada mandara al bote de la basura a los inútiles de “Derechos Humanos” en ocasiones hasta perversos  como los de Greenpeace, oportunistas “buscalanas”, les aseguro que la inseguridad más allá de la derivada del narcotráfico, se reduciría en serio. Ministerios Públicos corruptos, policías coludidos con la delincuencia, secuestradores, cárceles que otorgan el posgrado a sus alumnos, políticos deshonestos, vagos  ¿qué más? Lo que pasa ahora es que estamos tan ahogados e infiltrados de ese tipo de alimañas, que nos resulta casi imposible confiar en un Juez respecto de un criterio, sapiencia y seriedad al decretar una pena, ya no digamos la de muerte. Hoy quizá el 80 por ciento de gente encerrada en un penal por falta de dinero, no puede abandonar el mismo a sabiendas de que es inocente o por lo menos, que su falta no amerita la prisión. Igual, imposible pensar que cualquier medicucho del sector Salud esté listo para decretar la eutanasia cuando lo que le urge es salir a su hora para luego del hospital unirse con sus compadres “doitores” a encontrarse con las enfermeras en el departamento de cualquiera de ellos a celebrar un buen sarao.

En 1877 de entre tantas anécdotas, 12 asaltantes se hicieron de un buen caudal minero que se trasladaba de Zacatecas a la ciudad de México. Los soldados federales a la vuelta de la esquina los tomaron presos y los pusieron en manos de la autoridad. Los angelitos entonces fueron llevados a Huichapan en donde ya el Gobernador tomó cartas en el asunto. Se dispuso entonces que de Huichapan aquellos se trasladaran a Pachuca. En resumen, no llegó con vida ninguno de los malvivientes. En otra ocasión, un muchacho robó a su patrón algunas monedas. Éste último se fue a quejar con los rurales  quienes antes habían sido soldados convertidos en delincuentes en razón de su desempleo. Lo tomaron preso y le preguntaron si efectivamente había dispuesto de dichas monedas. El cínico burlón dijo que por supuesto que no. Le ordenaron entonces voltear sus bolsillos y las mismas cayeron. El oficial sacó su pistola, se la acercó al cráneo, le disparó y simplemente ordenó a sus acompañantes: “dejen ahí el cuerpo, con todo y la monedas”  ¿Qué tal que apareciera hoy Don Porfirio? Seguro que robillos, robotes, secuestros, violaciones y tantas cosas más que aturden cada día más a nuestra sociedad se darían cada vez menos, en la medida en que a nuestras autoridades  las manos no les temblaran cada vez  ¡Ay pobrecitos, es que tanto que sufren y qué les queda! Qué les queda ni qué nada… ¡A trabajar  huevones! Muchos trabajos salen de la inventiva.

Miren, aquí mismo en Coyoacán, en una ocasión fui a una farmacia del Doctor SIMI. La cajera estaba bien ocupada contando toda la morralla que cada tres días le llevaba un sujeto vestido de manta y que  continuamente me encuentro repartiendo papelitos en sepa Dios qué dialecto pidiendo ayuda para que su comunidad pueda sobrevivir, con la imagen de Zapata por cierto. Un día le pregunté por qué no se regresaba al campo a trabajar sus tierritas. Se me quedó mirando, se hizo chiquito y salió despavorido. Bueno, esa tarde con la cajera de la misma farmacia se encontraba el  individuo anotado quien era el que le surtía las tantas monedas a aquella empleada. Me dijo: “este hombre es mi sol. Cada tres días me surte de cambio a razón de entre 400 a 500 pesos”.

Otro día comiendo con “mis Brujas” en el mercado de Coyoacán, se me acercó una señora con cara  compungida pero joven y fuerte. Me pidió una limosna para sus trescientos hijos,  su suegra en agonía, su perico y su marido retrasado mental. Iba bien trajeadita con todo y bolsa. Le dije:  “señora, si lava los trastes que están amontonados porque mis brujas no se dan a basto, le pago la comida con mucho gusto” ¿Qué creen que me dijo?  “vaya usted a buscar a su abuela porque yo no me rebajo a eso”.

Otra de limosneros: María Callas se quedaría chiquita en una ópera de tragedia. También en el mercado de Coyoacán, existe una mujer que ayudada de muletas va de puesto en puesto cantando de manera tal que la primera vez que la vi y escuché me revolqué en el piso a llorar y a darme golpes contra el mismo. Saqué 800 mil pesos de mi monedero, se los di y de inmediato me lancé a la iglesia de San Juan Bautista y no saben lo que le dije a Dios por injusto. Dos días después ¡que me la encuentro! Iba feliz corre que corre por el Jardín Centenario, brincando como cuando de niños jugábamos “avión”. Le dije entonces: “¡Señora qué gusto! Espero ya haya ido a la Basílica a dar gracias por el milagro ¡Mire ya camina!” Resultado: me mentó la madre.

Y el pobre de Don Porfirio, hasta allá en Francia remuriéndose de frío cuando le cae la nieve de Paris sobre su tumba.

www.antoniopatriciopeñalosa.com

Twitter: @ap_penalosa

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *