EL DEDO ÍNDICE

Los Mexicanos somos diestros en manejar nuestro dedo índice solo para señalar. Y es que muy pocos tienen la capacidad y el valor para usar el mismo de manera de orientarlo a su persona.

En cualquier lugar en que me encuentro escucho a mis compatriotas despotricar, ensalsar en forma exagerada, derrotarse y hasta advertir que abandonarán el país debido a que según sus conclusiones con el nuevo gobierno todo será un caos. Los panistas hacen a un lado la objetividad e insisten que FCH fue el mesías que salvó al mundo y en su ausencia la patria ya no tendrá salvación. Lo ignorantes  sinvergûenzas y oportunistas que se dicen de una izquierda que en nuestra nación no existe, se exhiben como jueces y verdugos hacia cualquier “idiota” que resolvió votar por cualquiera que no fuera López Obrador. Los priistas se jactan de haber arrasado y aún sin empezar el conteo del nuevo sexenio ya dan por descontado que para 2018 permanecerán ocupando Los Pinos. En resumen: cada uno con sus resentimientos, melancolías o triunfalismos fuera de toda realidad

Paralelamente a la vez me indigna o me divierte abrir las redes sociales y observar los comentarios o diagnósticos de tanto mexicano que acude a ellas. Todos, todos se denotan como expertos en política, críticos del sistema, maldicientes o exagerados en alabar al que viene sin siquiera conocer todavía quienes integrarán su gabinete.

Lo malo de todo lo anterior está en el hecho de que todo lo anotado se dá en cafés, cantinas, restaurantes, conversando en un camión o con un taxista. Sin embargo no hay uno que de pronto reaccione y se diga “bueno, mejor en lugar de quedarme seis años a esperar, voy a tomar camino a la oficina presidencial, tocaré la puerta y pediré hablar con el que vive ahí para preguntarle: «¿en qué le puedo ayudar?» Si todos los mexicanos tuviéramos auténtica conciencia de nacionalidad derivada de una EDUCACIÓN DE CALIDAD, téngase por seguro que las manos las utilizaríamos para trabajar y no para hacer todo aquello que lejos de engrandecer a nuestro país, solo termina apabullándolo.

¿Cuándo seremos capaces para voltear nuestro dedo hacia nosotros para preguntarnos “¿y tú qué…”??

Twitter: @ap_penalosa

www.antoniopatriciopeñalosa.com

 

 

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