EL RUMBO DE MUCHOS MEXICANOS

Muchas personas de pronto se derrotan por efecto de la angustia que provoca el tiempo transcurrido. Piensan que lo pasado es basura, lo menosprecian, pero además no planean un mejor adelante y terminan solas.

Cuando uno se decide a alcanzar a pié la cima donde se encuentra la Basílica de Notre Dame en Lyon, Francia, se hace necesario pensarlo dos veces. Son muchas las escaleras y el camino por demás empinado. Difícil hacerlo, más cuando se fuma. Pero bueno, es un reto que uno se impone y que si se logra superar termina valiendo la pena. Se va ascendiendo y a veces se maldice por no haber tomado mejor la línea del metro que igual llega al lugar. Yo soy tan idiota, que cuando me detenía a descansar aprovechaba para encender un nuevo cigarrillo ¡Ah, pero cuánto se goza al llegar a la meta! Imposible narrar la belleza del templo, su contenido y la emoción que causa. A mí me hizo sentir muy pequeño y me resultó un recuerdo imborrable. Ya de regreso, el trayecto se hace fácil, surgen el apetito, los gratos comentarios consecuentes de haber seguido esa ruta y entonces se retorna al lugar de origen en donde está situada la catedral rodeada de un ambiente ancestral que cohíbe, plagado de librerías, restaurantes pequeños, tiendas muy mágicas por la rarezas que ofrecen, en resumen: todo aquello que reconforta el espíritu. Cuesta mucho decirle adiós a ese sitio.

Escribo lo anterior porque a México como país y a muchos de nosotros, a veces nos causa pereza o miedo incursionar. No estamos satisfechos con nuestro devenir, nos sentimos frustrados, mal con nosotros mismos y con los demás, y de pronto irreflexivamente aventamos al bote de la basura nuestro historial completo sin haber rescatado antes aquello que valió la pena. O sea, nos quedamos solamente con lo que traemos puesto esperando que alguien arrope nuestra desnudez de espíritu.

Muchos mexicanos acuden huyendo de la realidad al Cerro del Tepeyac y desde ahí le lanzan a la Guadalupana todo tipo de improperios, según ellos, por su falta de atención y de clemencia. Luego al volver, entonces se encuentran con multitudes que los hacen sentir más inermes que antes. Pocos reconsideran que en la misma ciudad existen rincones cálidos y bondadosos dispuestos a consolarlos y a tratar de comprenderlos. Deciden finalmente mejor tomar su camión para enfrentar una vez más un “hogar” vacío, frío y a veces hasta rudo. Y luego viene lo peor, caen en cuenta que efectivamente las oportunidades ya no se dan como antes por efecto de su edad, la competencia, la corrupción, la falta de educación, angustia existencial, etc.

Para México la vida ofrece espléndidos espacios pero para llegar a ellos está obligado, como normal, a sacrificios, coraje, capacidad y vocación. Mientras no se reconcilie con su interior estará perdido y seguirá siendo marioneta de sistemas arbitrarios. Eso mismo pasa con los seres humanos. Es mejor antes saber llorar, vomitar lo que envenena y aceptarse tal cual se es y así luego salir con humildad, a pedir ayuda.

@ap_penalosa
http://www.antoniopatriciopeñalosa.com/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *