ESCRIBIR

Existen personas que desde jóvenes descubrieron su vocación de escritores y a la fecha resaltan como triunfadores. Otros a la mitad del camino se derrotaron y abandonaron. Yo me decidí a escribir luego de acumular tiempo y vivencias.

Quien escribe hace el ejercicio de narrar algo que sucede o sucedió si es amigo y conocedor del entorno o de la historia. También se pueden exhibir fantasías, emociones o dejar plasmados resultados de investigaciones que den paso a que la sociedad pueda alcanzar mayores alturas. No falta lo grotesco, agresívo y dañino. Pero quien escribe con calidad, buena voluntad y compartiendo sus capacidades, trasciende y beneficia al amigo de leer.

A mí desde niño me gustó la historia. Es posible que los cuentos que mi padre me relataba antes de dormir hicieron que en mi escuela a la hora de la clase de dicha materia acudiera pensando que lo que mi maestro expresara alentaría mi avidez por saber más respecto de la magia que significa el mundo.

Conforme avancé en mis actividades académicas y luego en el plano de lo profesional como economista, siempre me preocupé por profundizar respecto a temas históricos que principalmente me impactaron. Me confieso fanático de Napoleón Bonaparte, igual de personajes imaginarios que adopté como de carne y hueso. Zorbas, El quijote, Cyrano, qué se yo, quedaron ubicados en mi biblioteca en el capitulo historia en honor de quienes los imaginaron y mostraron.

Dependiendo de mis tiempos, en distintas ocasiones tuve la oportunidad de actuar como maestro en distintas instituciones entre ellas la UNAM, lo cual me resultaba cada vez el acercarme a un oasis que me permitía salir un rato de lo cotidiano para compartir con mis alumnos lo humanístico en el terreno de la Economía.

Mi carrera me brindó triunfos pero en la medida que crecía descubría que mis obligaciones no me permitían llevar a cabo algo que deseaba hacer: escribir. De todas formas, lo que sí continuaba haciendo a como fuera era leer. Eso me permitió enriquecer mis conocimientos, depurar mi criterio luego de confrontar lo manifestado por diversos historiadores respecto de un mismo tema y así fue como un día llegué a decidir “adiós a la profesión y por favor dame la bienvenida ocasión porque deseo ahora sí redactar lo que antes me era imposible”.

En cuatro años además de escribir y editar un primer manuscrito, descubrí que dicha acción apenas representa una pequeña parte del camino a recorrer antes de que llegue a ojos de un lector. El camino es por demás tortuoso pero al mismo tiempo fascinante. La tecnología moderna gracias a internet y ayudado de una buena página web me permite hacerme notar en todo el mundo, al margen de tener que pedir limosna a las editoriales. Mi premio: gran satisfacción y ánimo para seguir adelante por la generosidad de mis lectores y ese día a día que me significa orientar todos mis esfuerzos que me permitan mantenerme vigente y en posibilidades de ganar más tiempo al tiempo de mi existencia.

No me arrepiento de haber tomado el camino de la Economía, pero sí me reprocharía ahora que tengo la oportunidad no aprovechar el momento para algo que es para mí lo mejor: ESCRIBIR.

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