¿Hablar con la verdad? ¿Sentirla y expresarla?

En primer lugar debemos estar seguros que lo hacemos. Si asistimos a buscar ayuda de un médico resulta esteril no plantearle qué realmente nos sucede. Puede resultar doloroso, pero si no lo hacemos engañamos, nos engañamos y terminamos acabados.

Es muy común en los seres humanos tener que aceptar el camino de la resignación. Duele enormemente y nos atrapa muchas veces por el resto de la vida. Desearíamos con ansiedad que el dolor en nuestro interior se esfume. Que aquello que nos ataba siga a nuestro lado. Imaginamos que nuestros sentimientos son los mismos de uno en ese que se alejó. Abrigamos esperanzas, cada día que pasa nos acercamos a la ventana esperanzados en su arribo. Pasa el tiempo, nada y los sentimientos de soledad abruman, obscuridad,  pesan y hasta aplastan.

Escribir el libro que ahora promuevo en mí página web, es un poco ejemplo de lo anterior anotado. Me llevó mucho tiempo estar en condiciones de redactarlo porque tenía que estar seguro de que mis opiniones, aún a riesgo de estar equivocado con respecto a alguno de los temas, eran válidas. Eso me obligó a consultar muchas referencias, a confrotarlas para terminar, con honestidad, exhibiendo mis propias conclusiones. Me impuse por condición ser humilde y estar abierto a la crítica y hasta a la denostación. Pienso que esas reacciones enriquecen porque finalmente terminan por depurar el pensamiento. Sin embargo, no dejo de estar expuesto a la pasionalidad de mi mismo como a la de los demás. Uno supone que todos lo que lean mi manuscrito me dirán: ¡bravo, tienes razón! y entonces la vanidad se hace patente y con ello la soberbia. Pero cuando pretendemos que todos piensen como uno y de pronto surge un “estás mal y además de iluso eres radical” entonces surge la ira y lo irracional.

Lo peor de todo, en el caso de la historia de México, es que nuestro pueblo ha estado sumiso a lo que el sistema o muchos “historiadores” dicen que fue y además con ánimos de imponer aprovechando la falta de educación y de verdad de la cual hemos sido víctimas. No nos podemos  acercar a un médico que nos dé la oportunidad de plantearle nuestras preocupaciones y dolencias. Más bien aparecen aquellos que se dicen conocedores, nos diagnostican con dolo y nos recetan algo que lejos de fortificarnos más nos dañará, entre otras cosas una enfermedad que se llama “fanatismo” igual a engaño.

Todos los días recibo mensajes de muchas partes provenientes de las redes sociales. Algunos me causan enorme gusto porque me plantean un “gracias, eso no lo sabía”. No faltan aquellos que expresan “según yo, las cosas no son como Usted anota”. Eso da camino al diálogo, lo cual resulta fascinante. Pero los rotundos NO y la tozudez incluyendo el insulto, pocos por cierto, me hacen ver cuántos mexicanos han quedado inmersos en la mentira sin darse la oportunidad a aprender más y hacer de lado imposiciones al gusto de quienes nos mal gobiernan.

El crecer duele, el enfrentar una verdad y aceptarla mucho más. Pero existe una medicina que por amarga y fuerte que resulte luego de ingerirla cura. Se llama EDUCACIÓN.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *