Hablar sin saber

Si a la falta de EDUCACIÓN DE CALIDAD que prevalece en México agregamos que solemos como buenos latinos tender a ser pasionales, la interpretación de nuestra historia cae en fanatismos derivados de la ignorancia

Una de las grandes tragedias en países como México donde por falta de infraestructura solida, verdad y honestidad, la forma en que se ministra la EDUCACIÓN está demostrada en la tendencia a fanatizar. A falta de conocimientos, muchos compatriotas terminan idolatrando a “héroes de barro” impuestos en función de los intereses del sistema y haciendo de lado lo que significa la real verdad. Por lo mismo se pierde la oportunidad de profundizar respecto de nuestros orígenes de manera de utilizarlos como herramientas para consolidar o bien para cambiar la ruta hacia mejores rumbos al futuro. Todo eso redunda en una falta de criterio propio.

Esta tarde sostuve por vía twitter una discusión que me resultó muy interesante con una persona que defiende a capa y espada a Antonio López de Santa Anna, si bien en mi opinión personaje detestable por tanto daño que causó a nuestra nación, también resulta al mismo tiempo un ser satanizado. Igual pasa con otros individuos que habiendo sido auténticos diablos, a esta fecha el sistema nos los impone como auténticos artífices al punto de elevarlos a la calificación de “héroes que nos dieron patria”.

Yo no culpo a Santa Anna por el todo lo que nos pasó. Tenemos que ser claros y reconocer que en sus épocas como también ahora, la alta sociedad, burocratas irresponsables, acomodaticios y además la Iglesia, han contribuido para que las cosas se conviertan en desastre culpando de todo siempre a lo que llamamos un “chivo expiatorio”. Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero, Villa, Zapata, Obregón, Calles y muchos más siguen siendo parte de la corte celestial y se nos imponen como sujetos representantes de la perfección. En cambio Iturbide, Maximiliano, Miramón con todo y su esposa, Don Porfirio y algunos otros siguen siendo apestados calificados de traidores y perversos.

He leído mucho sobre Santa Anna. De ninguna manera es mi intención defenderlo ni justificarlo. Actuó mal, fue deshonesto, traidor como a mi gusto lo fue Juárez, también proclive a vender territorio (véase tratado McLane-Ocampo) y bueno, un veracruzano con muchos defectos más. Pero igual también es importante resaltar que otros  grandes culpables del trite acontecer santanista fueron la sociedad y la Iglesia. Todo le toleraron a cambio de que la primera viviera en paz y participando de los beneficios que la corrupción de aquella época igual que ahora era moda. El sector eclesiástico feliz ¿y cómo no? si a cambio de la tolerancia y hasta aplausos hacia el dictador, bien que engrandecían sus riquezas las cuales estaban aseguradas y hasta protegidas. Resumen: “haz lo que te venga en gana, mientras nosotros disfrutemos del “dolce farniente” ¡si señor! Y así Santa Anna echaba mano de lo que si eran sus grandes facultades: extraordinario militar, político muy sensible y sagaz, líder, brillante oportunista que bien supo aprovechar el apapacho de tantos que le decían “ Muchas gracias Alteza Serenísima y que DIOS nos lo conserve muchos años”.

Me llamaron mucho la atención las interpelaciones de mi interlocutor y debo confesar que en muchos aspectos me puso a pensar, o sea que me enseñó. Bien respaldado por magnífica bibligrafía me aclaró espacios obscuros que si bien no me llevaron a reconciliarme con aquel simpático jarocho, no por ello dejaron de ampliar el espectro por el cual el personaje se movió. Conlusión: tuve que reconocer que ¡hasta con Santa Anna! los mexicanos hemos sido poco objetivos.

Cuantas cosas como las anotadas en este ejemplo debieran hacernos ver la urgencia de saber en serio y a fondo respecto de nuestro devenir ¿Cuánto realmente sabemos y cuánto ignoramos porque a las minorías así les conviene?

Seamos justos con los buenos y los malos. Recordemos que el sabio siempre ha recomendado el justo medio.

www.antoniopatriciopeñalosa.com

Twitter: @ap_penalosa

 

 

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