Intentonas vs. Resultados

 La independencia de México se alcanzó el 25 de Septiembre de 1821, en base a un acuerdo firmado por Don Agustín de Iturbide y Don Juan O’Donojú quien ante la realidad que prevalecía en México, recomendó a la Corona Española su aceptación.

Mucho habla y ensalza las historia “oficial” sobre personajes que si bien lucharon por nuestra independencia, éstos nunca la alcanzaron y por el contrario, dejaron a lo largo de once años una estela de terror, miseria, muertes y frustración entre una población analfabeta que sumaba el 90% de la totalidad. Hidalgo y Morelos, abanderados con la  imagen guadalupana y aprovechando el fanatismo religioso, terminaron siendo mesiánicos y por demás brutales e inhumanos. El segundo, a cambio de que se le perdonara la vida, terminó delatando a sus compañeros insurgentes ¡Vaya par de héroes de barro

Agustín de Iturbide fue militar de excelencia al servicio de la corona española. Luego, su experiencia y observancia en el campo de lo que realmente sucedía en la nación, lo hizo decidirse a pasar a formar parte de las fuerzas rebeldes. Calmó los ánimos, propició paz, negoció con España, redujo sensiblemente la acción de las guerras y propuso a las autoridades ibéricas y a la Iglesia, que a cambio de que se reconociera nuestra independencia, México estaría dispuesto a que un español definido por Fernando Séptimo viniera a gobernarnos, mientras nuestra nación asimilaba el concepto de democracia. Éste último, soberbio y estúpido rechazó y ni siquiera dio respuesta a la alternativa anotada. Fue el pueblo todo entonces, quien exigió a Don Agustín ocupara el sillón como emperador, situación que a Iturbide no agradaba. Luego, la misma clase burguesa que lo llevó a la cumbre, manipulada por el traidor Santa Anna, lo expulsó de México para irse a refugiar con su familia a Italia. Ya estando en Europa y ante las noticias que recibía en relación a la debacle en nuestra patria, regresó a su tierra a advertir de nuevas intenciones españolas de recuperar por la fuerza a la Nueva España. El congreso se negó a escucharlo y mientras tanto, prefirió ordenar su fusilamiento. Esto no lo digo yo. Lo expone la verdadera y honesta historia (véase “México a Través de los Siglos”, obra dirigida por Don Vicente Riva Palacio).

Así como este capítulo existen muchos otros. Los distintos sistemas que nos han gobernado, siempre con la Iglesia de su lado, han encontrado más útil para sus intereses ocultar o alterar la realidad de nuestro devenir. Son muchos, muchísimos diría yo, los personajes que pudieran ser calificados como artífices de nuestra patria. Igual, ascienden a un gran número, aquéllos que lejos de hacernos sentir orgullo, bien merecerían ser enviados a un bote de basura.

¿Por qué muchos mexicanos menosprecian a tantos que nos comprendieron y ayudaron y luego deciden ligarse a quienes terminarán traicionándolos y hasta humillándolos? Yo diría que por dos razones, una: la característica del fenómeno humano. Dos: la falta de EDUCACIÒN o también, el egoísmo y la ingratitud que cada día resaltan más alrededor de todos nosotros.

Yo envidio de Iturbide, no obstante toda su tragedia, a la gran compañera que tuvo por esposa y que se mantuvo con él hasta el final: Doña Ana Duarte. Igual en el caso de Napoleón Bonaparte a María Waleska. Como esas, ya no hay muchas.

 

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