La etapa Porfirista o el Porfiriato

Don Porfirio de soldado a presidente

Con dicho término se bautizó el periodo en que el General Díaz gobernó a nuestro país. Don Vicente Guerrero tenía un nieto que se llamó Don Vicente Riva Palacio, coautor y director de la espléndida obra “México a través de los siglos”. Riva Palacio fue militar y escritor. Logró hacerse de los archivos de la Santa Inquisición. Mi tío Joaquín decía algo así como: “no sé de dónde se los fue a volar aquel”. Fue también gran militar. Cuenta Catón que cuando Manuel González lo hizo detener para mantenerlo encarcelado alrededor de un año, durante ese tiempo Don Vicente se dedicó a escribir el tomo correspondiente a la etapa virreinal. Hago alusión a esto que leí en la obra de Don Armando Fuentes Aguirre por tanto personaje de saber que resaltaba en nuestro país en el terreno intelectual y que necesariamente forzaba a Don Porfirio a elevarse a la altura de una sociedad muy exquisita, culta y demandante de mostrarse aristocrática.

Díaz aún Presidente en sus primeros años, molestaba con su rudo comportamiento propio del militarsote que no se detenía a escupir en una alfombra. De ahí entonces el seguir los consejos de sus allegados que le invitaban a ponerse a la altura de las circunstancias. Decidió entonces por lo pronto estudiar inglés y a la postre resultó que su maestra terminaría contrayendo nupcias con su alumno. Se llamaba Carmelita Romero Rubio, contaba con 17 años de edad y francamente me parece difícil verla casada con un garañón como lo era Don Porfirio que entonces sumaba 51 años de edad. Se sabe que ya en su segunda etapa como Presidente y gracias a Carmelita, Don Porfirio puso especial atención en su persona, de manera de que su imagen se fuera aterciopelando y empatando con las características propias de la aristocracia mexicana. Carmelita además de haber sido su maestra de inglés, imprimió en Don Porfirio gracias a su elevado nivel cultural y social, todas aquellas formas de comportamiento que lo hicieran lucir como un Presidente digno de cualquier ambiente elegante y sofisticado tanto a nivel nacional como internacional.

Díaz resultó buen alumno. Ya de por sí su porte natural representaba a un maniquí fácil de sublimar. El padre de Carmelita fue Don Manuel Romero Rubio, quien antes había sido hombre muy cercano a Lerdo de Tejada al punto de manejar la campaña política de aquel que pretendía reelegirse en la Presidencia. Finalmente se dieron diferencias entre los dos que los llevaron al rompimiento de lo que había sido una profunda amistad. Don Manuel era masón y aunque Carmelita profesaba con mucha fe la religión católica, su padre la atemperaba como buen liberal, de manera que aquella no cayera en fanatismos. Mientras Don Manuel González gobernaba Don Porfirio se pulía. Así el 6 de noviembre de 1881  éste último casó con Carmelita lo cual significó todo un acontecimiento social en el que ofició el Arzobispo de México  Don Antonio Pelagio de Labastida. En poco tiempo Don Porfirio empezaba a ser otro, bien vestido, refinado, de hablar pausado, en fin estaba listo para estar a la altura de las circunstancias como todo un “señor Presidente”.

Buena Pigmaleón resultó Carmelita. Antes de asumir la Presidencia el 1 de diciembre de 1884, Díaz viajó con su esposa y con su suegro a los Estados Unidos, un poco a manera de luna de miel. Creo que eso le valió a Romero Rubio ser tomado en cuenta para hacerse cargo una vez asumido el cargo Don Porfirio de la cartera de Gobernación. Díaz inició su nueva gestión con miras a tres importantes proyectos: reconstruir la economía nacional dando entrada a la inversión extranjera, consolidar su régimen de manera de eternizarse en el poder y por supuesto el relativo a otra consolidación: la paz. Estaba decidido a dar jaque al Rey promoviendo el avenimiento entre dos antaño enemigos a muerte: la Iglesia y el Estado. Suspendió de manera discreta las Leyes de Reforma. Bien fácil, la Iglesia volvía a hacer de las suyas y el gobierno así como que se hacía como mi hijo Patricio: “Pato”.

Además de Romero Rubio, figuraron en su gabinete,  en Relaciones Don Ignacio Mariscal, y como Ministro de la Guerra alguien que causó gran sorpresa: Don Manuel Dublán, quien en tiempos anteriores se había distinguido como aguerrido conservador y defensor del Emperador Maximiliano ¡Vaya Águila Real Don Porfirio en materia de sensibilidad política. En ese punto superó y por mucho a otra Águila también de gran realeza, a Napoleón Bonaparte!

Para el General Díaz ya no cabían conservadores y liberales. El espacio estaba únicamente para dar lugar a mexicanos, eso sí, con etiqueta porfirista. De otra forma ¡aguas!

www.antoniopatriciopeñalosa.com

Twitter: @ap_penalosa

 

 

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *