La falta de diàlogo ¿camino al precipicio?

 Si Benito Juárez García, con todo y su soberbia, hubiera dado marcha atrás para reflexionar, a invitación de Maximiliano, sobre el escenario real de México, hoy nuestra historia sería distinta.

Tanto Juárez como Maximiliano de Austria, fueron marionetas. El primero de USA, quien proporcionó todo tipo de apoyos a don Benito a efecto de evitar que Francia estableciera sus reales en América sobre el territorio de México. Los americanos estaban inmersos en la Guerra de Secesión. Eso sí, los yanquis a cambio de dicho apoyo, vía el Tratado McLane-Ocampo, se habrían apropiado del Estado de Sonora, la Baja California, del derecho de paso por el Istmo de Tehuantepec e igual de otro, que también permitiría su libre incursión a nuestra nación, después de cruzar nuestra línea fronteriza con el país del norte. Debemos agradecer a Abraham Lincoln su manifestación de “ya basta contra México”. De ahí que dicho tratado no fuera aprobado por su congreso. Juárez se perpetuó en el poder luego de asumir la presidencia de manera casual. Siendo Presidente de la Suprema Corte y luego de la renuncia de Ignacio Comonfort, de  acuerdo con la Constitución de 1857, estaba obligado a asumirla, pero como provisional, mientras se convocaba a nuevas elecciones. Nunca fue sujeto de elecciones populares, las hubo manipuladas. No era apreciado por un pueblo en un 90% conservador y católico y al final de su existencia, sus más allegados terminaron abandonándolo.

Maximiliano de Habsburgo, títere también de su hermano Francisco José, Archiduque de Austria y de Napoleón tercero, emperador de Francia, llegó a México creyendo que efectivamente nuestra nación lo requería. Fue engañado por buitres, de entre los cuales destacó Juan Nepomuceno Almonte, hijo de José María Morelos y Pavón. Solo que aquél si terminó amando a México y a sabiendas que le costaría la vida, permaneció conviviendo con un pueblo que le adoraba. Se negó a alcanzar a Europa a su esposa Carlota quien desquiciada por todo lo sucedido en su estancia en nuestro país, terminó muriendo abandonada en 1927 en el Castillo de Miramar, lugar favorito de su marido, pero sin èl, quien terminó siendo fusilado, se dice, contra la voluntad de varios liberales, entre ellos el General Mariano Escobedo, junto con los Generales conservadores Miramón y Mejía, en el Cerro de las Campanas, Querétaro.

En su momento y ante la debacle que se cernía, Maximiliano, más liberal que el propio Juárez, propuso a este ùltimo, sentarse a platicar, reflexionar las cosas con objetividad para que la paz retornara a México. Ofrecería la celebración de un plebiscito comprometiéndose a cumplir el resultado del mismo. Juárez nunca aceptó la propuesta. No tenía la capacidad para demostrar humildad, verdadero amor y responsabilidad por su patria y todo eso aunado a su tozudez, lo llevaron a morir en una inmensa soledad.

 

 

 

 

 

 

 

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