La polìtica y ¿el «placer» de la historia?

Para que la historia nos cause placer o malestar, lo primero que se requiere es conocerla a fondo. En Mèxico, su historia està disfrazada con lo que resulta cómodo o conveniente plantear.

A fìn, segùn ella,  de enriquecer mi página web, quien elaborò dicha pàgina me encomendò un trabajo titánico: elaborar una histografìa de nuestra nación exhibiendo a todos los presidentes que han corrido a lo largo de nuestra existencia, a partir de “Guadalupe Victoria” y, en paralelo, hacer referencia a què sucedìa como resaltante en esos mismos momentos en que aquellos fungìan como tales, en otras partes del mundo. La idea me gustò, pero debo confesar que me asustò. Va a significar un trabajo sumamente complejo pero ¡a echarle ganas, què caray!

Ayer me reuní con mi adjunta para mi càtedra, magnìfica historiadora por cierto, le comentè de lo anotado antes y le pedí sugerencias. Me invitò a compartir una deliciosa cena informal en su departamento, el cual me encantò. Todo libros, pequeño, acogedor y con aroma a eso: Historia.  Mientras disfrutábamos todo lo que preparò, iniciamos una conversación a veces grata, otras tensa en razón de confrontaciones, pero finalmente muy productiva. Ambos, terminando aprendiendo màs, derivado del intercambio de puntos de vista.

Cuando entramos de lleno en el tema, ella me expresó “mira Antonio, tù como economista eres muy brillante. Me impresiona tu sensibilidad respecto de algo que es tan complicado. Pero en el terreno de la historia, si bien sabes mucho màs que muchos de nosotros, a veces eres demasiado pasional, drástico y brutalmente contundente”. Yo le contestè:  “eso que me dices me suena a elogio y no sè si deba agradecerlo”. Exclamò una carcajada y luego agregó “sè màs flexible y busca el placer en la historia”. Me mostrè confuso y hasta enojado por esto último y le preguntè “¿tù piensas que una mujer u hombre en el plano de la sexualidad, que se saben regalar  un inmenso placer porque mutuamente se conocen en razòn de tener plenamente identificadas sus zonas màs sensibles, de pronto van a quedar satisfechos con una supuesta sexualidad que pretenda brindar un tercero?” Agreguè “¿no te parece como màs lógico, que para que eso hubiera sucedido entre aquellas dos personas, era condición fundamental conocerse a fondo?” Levantò su mirada hacìa mis ojos directamente y simplemente confesò “me mataste”.

De ahì entonces empujè la charla pero orientándola al caso de Mèxico y advirtiendo “para que la política de nuestro país algún dìa se configure, lo que no sucede ahora por falta de educación y de verdad, es necesario primero conocer nuestra real historia, por doloroso que resulte. En nuestro devenir, son muchos màs los espacios que mueven al dolor. Todo lo que ha pasado en Mèxico, lejos de propiciar placer, en la mayor parte de las ocasiones, solo ha significado fracasos,  sumisión, abandono, frustración, tristeza, muertes, traiciones, corrupciòn ¡què sè yo! Son muy pocos los episodios que nos muevan al placer. Y màs sufrimientos nos esperan, si no tomamos conciencia de lo que te digo. Veràs que si en el próximo sexenio no iniciamos un largo recorrido que signifique adquirir una real conciencia de nacionalidad, todo estarà perdido.

Cambiamos de tema y mejor escuchamos un poco de música. Me prometió que en Semana Santa estaremos preparando el borrador que supere ese nuevo reto.

 

 

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