Las remembranzas, lecciones implacables

Cuando se enfrentan realidades derivadas del que se fuè o està por irse, de pronto nos agobia el remordimiento o a veces el resentimiento. Son claro obscuros difíciles de explicar.

Comentaba ayer que paso una situación difícil de enfrentar en razón de problemas al interior de mi familia muy serios. Una madre agonizante y un hermano vìctima de un fuerte infarto, también debatiéndose entre la vida y la muerte. Tengo que confesar que con ambos he tenido diferencias muy fuertes y eso una vez màs me hace evocar a mi padre quien si existiera es probable que me concederìa, en parte, la razón de mi sentir. Pero también, hay que reconocer que existen a nuestro alrededor muchos seres humanos insensibles con muchas dificultades o incapacidad para valorar y reconocer. Se olvidan fácilmente de todo aquello que recibieron de quienes los amaron. Lo menospreciaron y hasta terminaron burlándose y regocijándose. Mi papà siempre me recomendó: “aprende a perdonar y desèale a los ingratos un “que Dios te bendiga” y se cauto porque como esos existen muchos”. ¡Vàya que tenía razón! Ahora mismo ante el escenario anotado, prefiero decir olvida, no te martirices y dèja que Dios se haga cargo de todos esos. Si tù diste con amor y buena voluntad, veràs que el Creador te lo compensarà cuando menos lo esperes. Busca un mejor camino en el que brille la honestidad, la sinceridad, el agradecimiento sin demandarlo y la congruencia entre lo que se dice y se hace.

Palabras sabias de alguien que ahora especialmente siento que està conmigo y me proporciona paz a mi interior.

 

 

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