Mis tardes melancólicas en día domingo

De niño, me aterraban las tardes de los domingos. Sabía que al día siguiente tendría que presentar calificaciones a mi padre. Siempre fui pésimo en conducta y bueno: lunes de cadalzo. Ahora, luego de tantos años, añoro a ese México de mis amores.

Al escribir mi libro que promuevo en mi página web, dediqué todo un capítulo que titulé “El México de mi infancia y juventud”. Conforme lo desarrollaba, de pronto sentía un vacío en mí interior al punto de las lágrimas. Mis padres, mis hermanos, los abuelos, primos, amigos, entorno, costumbres ¡uf!, un todo que ya no existe. Me está claro que nuestra personalidad está muy marcada por las vivencias de nuestra infancia. A mí actual edad, concluyo que en aquellas épocas fui muy feliz, aún con todos los sufrimientos que también el crecer hace patentes. Quizá por eso cada domingo por la tarde mi cerebro me lleva en una regresión a esas épocas y ahora me hacen sentir tristeza. Me digo: ¡cómo han cambiado México y el mundo! Yo no sé si los mayas tenían razón cuando se dice que pronosticaron un 2012 trágico para la humanidad, pero en mí caso le atinaron. Un tío y una tía a quienes consideré como mis segundos padres me acaban de dejar. Mi madre está próxima a partir. Amigos que también ya se van. Mientras tanto: recuerdos, añoranzas, pasados que ya desaparecieron.

No estoy peleado con la modernidad, mal haría. Por supuesto la disfruto y me sirve de herramienta. Pero también es cierto que nos cobra caro, porque con ella viene la deshumanización, la soledad, la sumisión a las mandamases: las computadoras con todo y un chicotito: el internet y con ello un cierre a la comunicación hablada entre seres humanos. Llamamos a un banco, a un prestador de servicios, a una línea aérea, a una embajada, etc., resultado: una grabación “bienvenidos, si desea tal cosa, apriete 1, otra 2”. Nos quedamos en dos y otra vez, de ahí a tres, cuantro, cinco, seis, etc. Luego me pregunto “¿y dónde alguien de carne y hueso? ¿y un indito o una persona de clase media baja, cómo le van a hacer?”

Ese México pasado vs. México actual de pronto me asusta y me hace a veces sentir impotente ¿Será que ya estoy viejo? o ¿será que nuestros jóvenes no tienen interés en tomar lo bueno de esos pasados maravillosos?

¿Y cómo fué el tiempo pasado de nuestros abuelos, bisabuelos, etc.? Eso, se llama historia.

Lo dejo al criterio del lector.

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