No escribir para intrigar

Las intrigas derivan de gentes que seguramente en su interior guardan muchos sufrimientos, entre otros envidias. Pretenden consolarlos contagiándolos a los demás. México entre otras cosas por falta de EDUCACIÓN de calidad se encuentra enfermo

Cuando escribí mi manuscrito sobre historia de México luego de confrontar lo asentado por diversos historiadores, de pronto sentía gran enojo o por demás tristeza. Descubrí saña, mentiras, seguramente el interés por quedar bien con el sistema en turno para a cambio de ello la percepción de generosas gratificaciones. Luego de abarcar desde la étapa virreinal y hasta la fecha incluyendo el mandato de FCH, fui sumando falsedades apuntadas de mala fe con intenciones de intrigar, igual criterios que si bien me parecían erróneos al mismo tiempo me invitaban a revisar una vez más mis propias conclusiones para en su caso corregir con humildad reconociendo eventuales equivocaciones de mi parte. También tomé conciencia que un historiador como ser humano puede echar mano de la pluma de manera visceral. Yo mismo debo confesar que luego de profundizar respecto de personajes que me orilló a detestar, quizá terminé siendo parcial y no me dí la oportunidad de reconocer también sus méritos. Igual me ha sucedido que en mi afán de rescatar a otros que a mi juicio fueron verdaderos artífices de nuestra patria, de alguna manera escondí sus grandes defectos y me excedí en defenderlos. Si a eso agregamos que el tiempo actúa como polvo que poco a poco enrarece la realidad, llego a la conclusión de que en la medida que pasan los años nuestra real historia más se aleja de la verdad.

Lo que me resulta imperdonable por parte de quienes la usaron como herramienta es la intriga a que hago ahora referencia. Ese afán de muchos que escribiendo inventaban relatos con el solo ánimo de denostar a protagonistas que finalmente quedaron ante la sociedad como sujetos de burla y de desprecio, cosa que dista mucho de lo que debemos entender como auténtica Ética a la hora de narrar. Puedo justificar una opinión que resulte pasional, también errores. Quizá hasta sería generoso con el oportunista. Pero la deformación de la imagen de un ser humano simplemente con el ánimo de dañar y hacer escarnio de él me parece actitud falaz.

Anoche al releer lo que narraba Carlos María de Bustamante apoyado del Nigromante en torno a la vida íntima de la familia Iturbide y luego de observar la discresión de Lucas Alamán al mismo respecto, encontré con ello un magnifico ejemplo de este planteamiento. Bustamante buscaba hacerse grato y demandado por una sociedad burguesa y vestida de hipocrecia que complacía su avidez de anécdotas a propalar para amenizar saraos. Esto al intrigante anotado lo hacía popular, simpático y cada día más demandado. En cambio Alamán persona decente y sabia solo observaba, escuchaba y se retiraba a continuar con una labor que terminó haciéndolo grande y trascendente al punto de pasar a la historia no solo con la imagen de magnífico conocedor de la política sino además como hombre prudente, reservado y respetuoso.

Yo ahora me pregunto “¿qué de lo que está en los anales de nuestra historia es real verdad? ¿Qué está planteado con buena intención aunque sujeto de revisión o discusión? o ¿qué de la exposición de nuestro devenir deriva de la mala intención de gente acomplejada, sucia que solo provocó desinfomación barnizada con morbo?»

Algo que especialmente me preocupa es el hecho de que una falta de EDUCACIÓN de calidad que enriquezca nuestra capacidad para discernir, abre el camino para que México haga con tanta basura una falsa historia que solamente nos aletargue y confunda.

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