Reflexiones en domingo de tarde lluviosa y con viento

Muchas veces cuesta trabajo entender que nos depara DIOS

A mi desde niño, los domingos por la tarde me hacen sentir melancólico. Evoco pasajes de mi vida que me hicieron muy feliz, pero también otros muy dolorosos que quizá marcaron la base de mis defectos de carácter. Esta semana que está por concluir ha sido una de las más difíciles de mi existencia. Mi madre agoniza al punto de prever como mejor camino ayudarla a descansar. Luego, un hermano mío se encuentra muy grave por efecto de un infarto y no hay modo de traerlo a la ciudad de México hasta que se estabilice. No sabemos si mientras tanto resista. El ambiente familiar se ha hecho muy dramático y por demás triste y pesado. Lo más duro a mi interior es que no he terminado de reconciliarme con esos dos familiares tan cercanos lo cual me causa mucha ansiedad y depresión. Si a eso agrego mis carencias en la parte afectiva se arma un todo muy difícil de enfrentar.

Salí con mi perro Góngolo a caminar y mientras tanto pidiéndole a DIOS me ayude y me enseñe a ponerme a disposición suya y a dejarme guiar por ÉL. Que se haga su voluntad por mì conducto.  En el fondo no dejo de hacerle ver mis resentimientos a SU persona. Le pregunto ¿por qué todo a un tiempo? Me aterra perder mí fe y ser víctima del vacío existencial.

Sin embargo, hoy me siento más fuerte que hace una semana en que estaba desgarrado. Los días que transcurrieron me invitaron a trabajar en serio, lo cual poco a poco me hizo ver que tengo potenciales para seguir adelante sin ataduras y dependencias ¿será eso lo que ahora me ofrece DIOS? Entonces le digo ayúdame y no me dejes solo. Me haces mucha falta.

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